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Amanecer a la rutina

Buenos días en este incipiente septiembre. Mis pies vuelven a caminar sobre los desiguales adoquines que me llevan a mi trabajo, de nuevo el café sorbido precipitadamente y la falta de coordinación a la hora de calcular cuando pasa el autobús. Lo llevo mal. Hay mal humor. Me consuelo pensando que aún queda verano, pero no me convence.
He estado fuera, en un precioso sitio lleno de paisajes de foto, y con cada lago que veía y cada castillo que divisaba me acordaba de Toni, esperándome paciente en la capital. Me causa penita viajar sin él, me he acostumbrado a verle todos los días. Y ahora eso cambia con mi traslado de domicilio. Eso también me tiene deprimida.
Los días han pasado muy rápido, y las sucesiones de momentos y lugares se apelotonan en mi cabeza, que aún guarda desorden y no sabe muy bien cómo etiquetar las fotos.
Hubo un momento mágico, mientras desde un puente observaba absorta unos fuegos artificiales, escuchando una música que me hizo parpadear varias veces para enjugarme los ojos.
Y un momento confuso y fugaz, mientras recogía mi equipaje de la cinta del aeropuerto y me encontré a unos metros de unos ojos que hace pocos años guardé en el baúl de los recuerdos. Duró, lo que dura una sacudida de cabeza. Después ya no estaba, ni su equipaje. Ni él.
Ya he vuelto. Tenía ganas de leeros.
Superada

Yo reía a carcajadas por lo cómico del momento, por eso me sorprendió su reacción. Cuando ví que empezaba a llorar por haberse mojado el pelo, le espeté: “No seas ridícula”… Ni me miró. Sólo lloraba y lloraba. Entonces supe que no lloraba por su pelo, lloraba por lo que se le acumulaba en su vida, lloraba de impotencia, de rabia, y de cansancio…
Tranquila, mujer de ojos tristes. Conseguirás que la ley te ayude
Hace muchos años...en el comedor

Se acabó lo que se daba. Hoy ha empezado el horario escolar, como los niños que se enfrentan de nuevo a las aulas, nosotras volvemos a reencontrarnos con el turno partido y las consiguientes comidas preparadas. La temporada otoño-invierno viene este año surtida de tuppers de todo tipo.
Esta mañana un pequeño lloraba a mi lado en la parada del autobús y se aferraba a su madre desesperado porque no quería ir al colegio. Ganas me han entrado de unirme a él…Cómo lloraba yo a su edad también.
Al bajar a la cafetería con mis compañeras, un olor a comedor escolar ha impregnado mi nariz y me he acordado del niño de la parada. Han venido a mi mente imágenes de una niña rubia de unos seis años, con uniforme, llorando desconsolada ante una infinidad de mesas llenas de niñas comiendo. Esa niña era yo.
Comer en el colegio fue uno de mis mayores terrores hasta que llegué a los cursos “de mayores”. Era de las típicas niñas a las que no les gustaba nada, y llegar a terminarme un plátano era un suplicio increíble. Era una verdadera situación de angustia la que me embargaba. Recuerdo a las monjas enfadadas e inflexibles y mis negativas ante un plato lleno.
Con los años, se fue suavizando. Hoy en día no tengo problemas con la comida, pero a veces, como hoy, ese olor tan imperceptible hace que me acuerde de lo mal que lo pasaba, y la importancia que le daba de niña a algo de lo que hoy no queda nada.
Septiembre

La mañana se hace larga cuando el sueño ha sido muy corto…y los párpados pesan. Hacía mucho que no lloraba escondida en el baño.
“En los días que te quise, en los días que me amaste, todo el mundo era tú, todo el mundo era yo, no había nada más lindo.
Cuantas noches reímos,cuantas noches lloramos,
no importaba el lugar sólo nuestro cariño.”
Sol de otoño

Estoy bien. Muy tranquila y bien. Con Toni las cosas marchan estupendamente, con sus días buenos y sus días peores como en toda relación. Es alguien que me apoya, me quiere y hace que desee superarme a mí misma y hacerle feliz. Mi súbita tristeza no fue por él, puesto que él sólo me transmite alegrías.
Hay veces en la vida en las que sentimos que una persona está tan unida a ti, y tú a ella, que acaba formando parte de ti mismo, y cuando ese alguien sale de tu vida, o haces que salga, es como si se llevara una parte tuya. Un cachito de corazón.
El día que escribí el último post, había visto a ese alguien. Y junto a la alegría que ese hecho me produce, me invadió la pena del recuerdo, de tantos momentos que tuvimos en su día. Por eso escribí esas palabras.
Siento haberos preocupado.
Estoy bien. Llega el otoño, caen las hojas y es momento de marcarse nuevas metas y trazar nuevos recorridos…con una sonrisa en los labios

