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Muñeca de trapo

Últimamente me cuesta mucho ordenar todo lo que se me pasa por la cabeza, mis emociones son como un balancín que unas veces sube hasta tocar el cielo y otras parece que va a excavar un agujero en la tierra.
Mi vida se pierde entre inmensas alegrías y profundas tristezas, reacciones extremas y sueños en los que aprovecho para decir todo aquello que en mi día a día no digo. Me despierto tensa y necesito un café para volver a ser yo y recuperar las riendas de mi diplomacia.
A veces me cuesta estar pendiente de la gente, apago el teléfono y deseo perderme y ser muda por un día, otros deseo saber, conocer, hablar, y abrazar.
Y quiero escribir, pero no me salen las palabras. Y quiero reir, pero no me sale la risa. Y quiero llorar, pero no me salen las lágrimas. Y al enfadarme, no me salen los gritos.
A veces soy como una muñeca a la que le mueven los brazos.
Sólo los besos salen solos.
Lo que me hace feliz

Hace un tiempo, Susana, me encargó un meme que describiera catorce cosas que me hacen feliz, hoy, después de unos días, me pongo a ello
-Dormir profundamente y sentir que me rodean los brazos de la persona que quiero
-Tomar un café templadito con una buena tarta, en agradable compañía mientras fuera llueve o es de noche
-Ver una película de amor tapada con una mantita y apoltronada en el sofá
-Los fines de semana llenos de planes
- Escuchar reir a mi gente. Pensar en el bebé que ella espera.
- Los momentos en los que consigo llevarme bien con mi madre
- Poner el telediario y escuchar una buena noticia
- Recuperar el cariño de personas a quienes creí perder y mantener el de la gente que me rodea
- Sentarme a orillas del pantano cerca de mi pueblo a perderme en mis pensamientos.
- Escribir y recibir comentarios positivos
- Llorar de risa
- Sus palabras, sus gestos, pensar en lo que es y pensé que no sería nunca.
- Viajar
- Tener planes de futuro
La felicidad está en los pequeños momentos y en los hechos más cotidianos, aunque muchas veces, no nos damos ni cuenta.
Princesa de un cuento infinito

Hace un año, mi mejor amiga se independizó. Entonces, tuve miedo de que las cosas dejaran de ser como siempre y de que nos distanciaramos. Hoy, lo que más me apetece es seguir sus pasos, creo que tengo que volar sola.
Encontró un piso luminoso en el centro, y allí vive con su novio y, ocasionalmente, su hermana casi de sangre: yo.
Cuando las circunstancias me superan, las noches se preven largas o el tiempo no acompaña, tengo una cama dispuesta a acogerme y un oído dispuesto a escucharme.
El otro día, en una de mis frecuentes visitas, unas cajas de cartón invadían una esquina del salón, en ellas, infinidad de material de video, viejas cintas para editar que recogen infinitos momentos.
Ángeles y yo, nos conocimos cuando teníamos dos años, cuando yo arrollé su mano derecha con mi triciclo. Desde entonces somos amigas. También desde entonces, ella luce una cicatriz en su dedo anular, que agita frente a mi cara cuando se enfada.
En esas cajas, no sólo estaba parte de su vida, también lo estaba la mía, y una mezcla de risa y tristeza me cubrió los ojos cuando vimos fragmentos de fiestas, cumpleaños, días en la playa y fiestas en la universidad.
Cuando llegué a mi casa, continué removiendo el paso de los años. Han posado muchas personas en mis fotos, muchas de ellas dejaron de posar y desaparecieron. Sólo ella permanece, año tras año. Desde 1981.
Gracias por todo.
Como lágrimas en la lluvia se irán...

La primera vez que un chico me dijo: “te quiero”, lloré mucho. No fueron lágrimas de emoción, de las que salen espontáneamente, sino de tristeza y de rabia. No llegaron a tiempo, no supo elegir el momento y aquellas dos palabras, que siempre había deseado oír, sonaron huecas y perdieron su sentido.
Fueron palabras dolientes, que no tuvieron que ser pronunciadas. Tuvo tiempo para decirlo, para demostrarlo, y eligió lanzarlas al aire cuando ya no estábamos juntos y yo había conocido a alguien.
Y su sonido estuvo en mi cabeza mucho tiempo, martirizándome.
No sirve de nada decir algo que no sientas. Las palabras no borran los hechos. ¿De qué sirve un TE QUIERO mayúsculo cuando aún te duele el alma con los insultos dichos horas antes? ¿De verdad quieres oir que te ama cuando has sido humillada ante la gente?
Pequeña, a veces no cuesta nada regalar palabras, adornar oidos, lo que debes valorar es que te regalen amor. Del que no se pronuncia, del que se siente
Bienvenida a tu historia

Aún no puedo creer que ella, ni niña, mi novia alada, haya hecho realidad su mayor deseo.La pequeña respira pausadamente al otro lado del cristal. Si no fuera por ese imperceptible movimiento, podría pensar que estoy observando una muñeca, como la que tuve en mi infancia, como aquella que llevaba a todas partes.No he conseguido verle los ojos, son verdes, según dicen. Seguro que se parecen a los de su madre. La misma que está a mi lado con ojos vidriosos.
No llores más princesa, la niña duerme tranquila. Hazlo tú también. Todo irá bien a partir de ahora.

