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Tardes de domingo raras

Mientras la lluvia inunda las calles y empaña los cristales, mi cabeza está en sequía, y mis dedos entumecidos. Por eso he tardado en volver, porque aunque tengo muchas cosas que escribir, me cuesta ordenar las palabras y marcarme un tiempo para reflejarlas. Estoy perdida entre apuntes de una oposición inminente que vuelve exclusiva mi lectura, obligandome a aparcar la novela que me acompañaba en el autobús,y con la que mis ojos dejan de estar secos. En el trabajo, no hacemos otra cosa que preparar un acontecimiento especial, para el que estamos echándole horas y al que, me temo, ni siquiera podremos asistir.
Os sigo, y espero pronto publicar textos más largos.
Tres deseos

Aquella tarde llovía, el despacho estaba poco iluminado y apenas había trabajo, casi todo el mundo estaba en la exposición de la primera planta. Yo prácticamente no había dormido y preferí acabar unos asuntos pendientes para no tener que hablar con nadie. Mi móvil no sonaba, y las horas pasaban sin que mi entonces novio diera señales de vida. Era el tercer día sin noticias. Algo pasaba. Ni una explicación, ni una señal…
Curioseé varias páginas de Internet para distraerme, entre ellas algún blog, y pensé en que quizá me distraería ver cómo funcionaba.
De eso hace tres años hoy.
Por eso estais todos invitados a tarta. Una tarta con tres velas. Si fuera maga os concedería tres deseos, pero…nunca se sabe. Pedidlos.
Quizá se cumplan.
Gracias a todos.
Los que estáis tras esa pantalla, y los que la habéis traspasado.
Paseo por la Navidad

Un año más, el bombo no contenía mi número. La mañana del día 22 pasa volando, tan deprisa como la ilusión de poseer un décimo premiado. Hoy en el despacho, nuestra banda sonora salía de una vieja radio que hace dos semanas encontramos semi abandonada en una de las plantas superiores. El soniquete de los niños de San Ildefonso nos ha amenizado las horas en un edificio semi vacío, pues casi todo el mundo ha cogido vacaciones.
Yo este año, sacaré tiempo para estudiar entre polvorones y turrones de chocolate. Y quizá, tras las fiestas me toque mi loteria particular, aunque, hoy por hoy, no creo tener el número premiado.
Ayer me empapé un poco del ambiente madrileño del Centro. Comimos calamares y sorteamos las riadas de gente que bajaban de ver Cortylandia, donde un año más se repite una melodía que escuché por vez primera con dos años de vida. Globos en Sol y gente abigarrada en los puestos de la Plaza Mayor, en un mercadillo que año tras año me hace recordar a un pobre abuelo buscando a Chencho entre los puestos de belenes, sin resultado positivo. Una imagen que me quedó grabada en mi mente de niña.
Comienzan las fiestas. Pronto terminará el año. Una vez más, deseos positivos para todos.
Duerme conmigo en las noches tristes

Me duelen las noches en las que confundo mis pensamientos,
me duelen los minutos que paso mirando mi imagen en el espejo con la cara mojada,
me duelen los besos que no llegaron pero no deseo que lo hagan,
me duelen los mensajes leídos en la madrugada y los ojos gris plata.
Me duelen las horas de oscuridad que se evaporan cuando amanece y me despiertan tus abrazos.
Me duele el pasado.
No me duelen tus sonrisas, ni tus besos, ni las letras que me hacen llorar de ilusión. No me duelen tus brazos, ni tus disculpas, ni tus despistes ni tus muecas inocentes. No me duelen tus detalles, ni nuestras manos entrelazadas mirando escaparates, ni nuestras rutinas de domingo.
No me duele tu mirada, porque en ella me pierdo. No me duele tu amor, porque me da fuerzas.
Tú no me dueles, porque mi vida te necesita. Por favor, no me dejes caer. Temo los golpes.

