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03/03/2007
Miedos...
Soy terriblemente negativa e hipocondríaca cuando me pongo a ello, es algo que siempre me ha venido persiguiendo desde que era pequeña y que con los años, al menos no se ha agrandado, aunque sí ha continuado. Tendía a pensar cosas espantosas, que me nublaban la vista y me oprimían el pecho creándome una gran ansiedad. Esperaba todos los males posibles y me los creía.
Hubo una semana en la que ni siquiera me atreví a poner los pies en la calle, víctima de un terror infundado y que me atenazaba el cuerpo. Por fortuna, nunca más he vuelto a tener una reacción de ese estilo tan larga, pero a veces aún me vienen negros pensamientos.
Ayer fue uno de esos días, durante veinte minutos, me sentí incapaz de moverme, paralizada de miedo y temblando literalmente. Son momentos fugaces, fruto de algún recuerdo no manifestado o fruto de mis miedos internos. Esos que, aunque no se manifiesten, siempre están ahí.
Por suerte, no vencí a la tentación de meterme en la cama a llorar, pero me sentí muy frágil en el bar, buscando continuamente los abrazos de Pete y sin atreverme a quedarme sola en ningún momento.
Hoy estoy más tranquila, sé que este es un post algo deprimente, pero necesitaba soltarlo.
08/03/2007
Yo ya no puedo hacer más

Llevo unos días bastante malos, analizando las razones que me llevan a verlo todo gris y a buscar peligros en una vida aparentemente tranquila, noches de mal dormir y días de mal vivir. Pero ya me siento muy cansada, y quiero que mi cerebro deje de maquinar y buscar motivos. Me declaro en paro. Necesito desvincularme de algunas cosas, no hacer míos los problemas de la gente, no tratar de arreglar el mundo solo con mis manos.
Y cuando tomo esta decisión, al rato las cosas se complican. He dado la espalda a mi mundo estos días y al margen han ocurrido cosas. No quiero coger el móvil porque no quiero escuchar cómo dos de las personas más importantes de mi vida deciden tirar la toalla y no luchar por una amistad que se resquebraja, no quiero hacerlo porque me va a afectar y porque emocionalmente estoy en el centro de estas dos personas y sé que mi partidismo por uno u otro lado de la balanza puede desencadenar consecuencias que no deseo.
No quiero escuchar las razones de nadie, no quiero porque no me va a gustar lo que oigo. Y me va a doler profundamente.
Estos días necesito estar tranquila...pero no puedo darme la vuelta mientras lo que antes era un triángulo casi perfecto, pierde uno de sus lados.
Y lloro, pero esta vez no soy yo quien tiene en sus manos el poder arreglarlo.
12/03/2007
Se me escapa tu mirada
En estos días en que mis miedos de nuevo amenazaban con superarme, había estado pensando mucho en el valor de la amistad, a modo de retrospectiva me había estado acordando de quienes en un momento dado estuvieron a mi lado y por circunstancias de la vida ya no están. Para mí, el significado de la amistad es sagrado, lo doy todo por las personas que más quiero, pero cuanto más das, más fuerte es luego la caída. Te comentaba todo esto la noche del jueves, cuando a las cuatro de la madrugada y agobiada porque no podía dormir recurrí a ti como me habías pedido. Resulta irónico ¿verdad? Yo hablándote de la amistad y tú escuchando, apoyándome. Ya entonces te noté raro.Al día siguiente me enteraba de que se estaba poniendo a prueba una de tus amistades más valiosas. No pude tomar partido. Pero ya lo has hecho tú por mí. Ya no tengo que luchar por hacer que no se rompa. Porque ya se ha roto. Tú lo has roto. Y me has arrastrado contigo. No sólo pierdes a Pete, me pierdes a mí con tu actitud. Escribir este post me está costando. Con cada palabra que tecleo me cargo de un plumazo todo lo anterior que he escrito sobre ti. Te he dedicado textos enteros cuando sentí que te alejabas, pero aunque lejos, estabas. Te he colocado en el sitio preferencial de mi vida y te he dado mi mano mil veces.Nos hemos dado la mano mil veces.
Ahora me has decepcionado. Como no imaginé que lo hicieras. No lo imaginé aunque los dardos envenenados de ella se sucedieran desde hace meses.
Me cuentan que lloraste tras nuestra última conversación de ayer, que te dolía el corazón y que no querías hacerme daño. No lo dudo, sé que me quieres, lo sé porque me lo has demostrado todos estos años, pero las cosas no se resuelven así.
Te echo de menos tal y como eras y me cuesta perderte Marcos.
No quiero acabar las páginas de este libro, quiero que me ayudes a salvar lo que tenemos.
17/03/2007
Con música
Ver el post anterior hace que se me encoja el estómago. Los días pasan, las situaciones no cambian. En mi mundo percibo una imagen distorsionada de la figura de Marcos, como si fuera su reflejo en el espejo, como si no se tratara del que ha sido mi mejor amigo este tiempo.No le reconozco.
Hemos guardado los buenos momentos en un cajón, que dejaremos cerrado, y quizá se abra más adelante, en la estación del calor.
Y os dejo este video, que me pesa en mi ordenador. Las últimas notas que le regalé. En italiano.
21/03/2007
¿Qué es el tiempo?

¿Quieres entender qué es un año de vida? Pregúntaselo a un estudiante que acaba de suspender el examen de fin de curso.
¿Un mes de vida? Díselo a una mujer que acaba de traer al mundo un niño prematuro y espera que salga de la incubadora para estrecharlo entre sus brazos sano y salvo.
¿Una semana? Que te lo cuente un hombre que trabaja en una fábrica o en una mina para mantener a su familia.
¿Un día? Háblales del asunto a dos que están locamente enamorados uno de otro y esperan el momento de volver a estar juntos.
¿Una hora? Pregúntale a una persona claustrofóbica encerrada en un ascensor averiado.
¿Un segundo? Mira la expresión de un hombre que acaba de salvarse de un accidente de coche.
¿Y una milésima de segundo? Pregúntale al atleta que acaba de ganar la medalla de plata en los juegos olímpicos, en vez de la medalla de oro para la que lleva toda su vida entrenándose .
(Ojalá fuera cierto, Marc Lévy)
El tiempo nunca espera…
27/03/2007
Retazos

El ordenador, inerte sobre la mesa, acumulando polvo y prácticamente sin encender. Lo enchufo y al comenzar a escribir, nuevamente lo apago. Mis dedos no saben dónde moverse, qué teclas acariciar. Muchas cosas que decir, pocas ganas de hacerlo. Estados de ánimo cambiantes.
Mi garganta se enciende y se apaga, muestra signos de fatiga y debo cuidarla, mi compañero inicia una cruzada contra mí porque quiere un proyecto para él solo, Marcos no me mira a los ojos ni me desea buenas noches, una amiga ha decidido que yo sea la sustituta de su novio tras la ruptura, me roba el aire, las horas, el sueño, las ganas de cenar…me llena el calendario. Pete me sorprende con su pasividad en ciertas cosas, aunque pone equilibrioen mi desorden.
Demasiadas nubes hay en mi cabeza, las mismas que hay en el cielo de Madrid hoy. Aunque se esperan cielos despejados.
El fin de semana dejó baldado mi cuerpo, las horas de sueño pasan factura, y se fue dejándome agotada. También me ha dejado la alegría de una visita y un reencuentro, la huella de una conversación extendida durante toda la madrugada y el sabor de unas cervezas que nunca terminé pero de las que siempre me acordaré. Me preguntó si le sentía un extraño. “No”, fue la respuesta. Le siento cercano y eso me hace esbozar una sonrisa.Son quienes todos los días están cerca de mí a quienes siento extraños estos días. Deseo que venga la normalidad de nuevo. Que me los devuelvan como eran antes…
30/03/2007
Hoy no me puedo levantar...
El medicamento que me he tomado hace unas horas comienza a hacer su efecto, pero no con la intención deseada, sino como planta adormidera. Empiezo a escribir este post aun sin saber si conseguiré terminarlo porque la cabeza se me ladea de manera involuntaria, pero necesito teclear algo para disimular ante mi compañero, que me mira de reojo como si me hubiera fumado alguna hierba.
Lo cierto es que de cansancio ando sobrada, suerte que dentro de unas horas comienza el tan deseado fin de semana, del que muchas veces salgo peor de lo que entré.
Ayer pasé toda la tarde-noche en una oscura y amplia sala de un teatro madrileño, más cerca del techo que del suelo y con miles de estrellas artificiales brillando sobre mí. Me reí, lloré, salté, canté y bailé y sobretodo recordé aquellos años en los que iba al colegio con la falda un poquito remangada en la cintura para rabiar a las monjas mientras escuchábamos a Mecano en el patio del colegio a escondidas.
Ayer, cuatro horas de musical, pasaron volando, igual de rápido que los casi catorce años que han pasado desde esas vivencias.
Y sigo notando cómo se me ponen los pelos de punta cuando comienzo a oir aquello de…”y aunque fui yo quien decidió que ya no más…”

