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Un año más

“Y en el reloj de antaño, como de año en año, cinco minutos más para la cuenta atrás hacemos el balance de lo bueno y malo cinco minutos antes de la cuenta atrás”
Doce campanadas, doce uvas que no se comieron a tiempo, ocho copas de cava sobre la mesa y unas cuantas lagrimillas para despedir el año extinto. Lágrimas agridulces, de pena y esperanza.
Adiós a un año que comenzó mal, mientras aún me sangraban las heridas de una despedida, y que con el paso de los meses se han ido curando poco a poco. Adiós al año que me trajo un trabajo nuevo y que me permitió recuperar parte de mi pasado, adiós al año de los secretos compartidos, de las revelaciones inesperadas, de las decisiones duras y de los viajes que me abrieron los ojos.
Bienvenido el año de la renovación, que comienza con la esperanza de encontrar lo que tanto tiempo llevo buscando, que me permite esperarlo con los ojos brillantes y la cabeza alta.
Bienvenido 2007.Bienvenidos los proyectos, los planes y las nuevas vivencias.Capítulos finales
Llegué tarde, varios minutos después de la hora señalada. Suelo ser puntual, pero en esta ocasión me quedé deambulando por las tiendecitas del metro inquieta e indecisa. Iba a ver a Zak.En este caso no se trataba de encuentros casuales ni sorpresas inesperadas, esta vez, habíamos quedado. La primera vez después de que nuestros caminos se bifurcaran. La primera vez en más de un año. Y yo sólo trataba de ganar tiempo para que el temblor de mis piernas desapareciera.Como suponía, ya estaba allí, en una mesa al fondo del local, mirando a la gente pasar a través de los cristales empañados. No sé qué piernas me llevaron hasta allí, pero no fueron las mías. Unos segundos de silencio hasta que pronuncié un saludo.
Aferrada a mi tercio como si fuera mi última posesión, dos horas pasaron volando, y el tiempo, imparable, marcó el fin del último acto. Hablamos con el cariño de dos personas que fueron una, pero con la distancia que abren las viejas heridas y las causas de nuestro adiós, y con la brecha que produce la separación.
Me acompañó hacia mi parada, aquel que se sabía de memoria tiempo atrás y que tomaba cada tarde para reunirse conmigo. Y en la dársena de mi autobús, una nueva despedida, fría, triste, descolorida.
Quizá si yo hubiera sido Katherine Hepburn, y él hubiera sido Cary Grant, nos hubiéramos mirado a los ojos y hubiéramos sentido que el mundo se paraba, quizá él hubiera empezado a explicarme porqué lo dejó todo en un pozo oscuro y yo hubiera llorado diciéndole que había sido lo más importante de mi vida y lo mucho que me había costado seguir mi camino sin él.
Quizá hubieran empezado a sonar los acordes de una canción melódica mientras nos cogíamos de la mano, nuestros ojos se encontraban y nuestros labios se unían, y después los títulos de crédito hubieran empezado a desfilar por la pantalla.Pero yo no soy Katherine, y él no es Cary. Y mi historia no es una película, es una de tantas en las que no hay final comercial. Hay un final, y punto.
Y la vida continúa, como continuó hace un año. Sé que está cercano el momento en que él deje de ser el titular de mis lágrimas.
Estrenando nuevo calendario
Y llegó enero, y con él, su famosa cuesta, los famosos descuentos, que no son tales (ayer encontré un abrigo rebajado un euro,ole), los buenos propósitos y el retorno a la normalidad. El caos se apodera de nuevo de la ciudad cuando intentamos entrar todos a la vez en plena hora punta.
Vuelve en enero la rutina, pero yo no le hago ascos, esa bendita rutina que quiere decir que todo sigue en órden.
Se están dando circunstancias en mi trabajo que me están haciendo no magnificar los acontecimientos y darle a cada cosa la importancia que se merece.
Y circunstancias en mi vida que hacen que me replantee el camino a seguir en este recién estrenado año. Decisiones que tomar, y respuestas que se hacen esperar.
Mientras tanto, el sol sigue saliendo cada mañana y la luna sigue alumbrando cada noche. Y con eso me basta.Palabras que chocan contra la pared

Existen dos frases que no soporto que me digan. La primera es: “Fiore, tengo que decirte algo”, porque generalmente va acompañada de un disgusto y malas noticias. La segunda es: “Te lo dije”, representa un estrepitoso fracaso o equivocación. El caso es que últimamente cada vez que abro la boca y hablo con mi amiga Merche, me dan ganas de soltárselas a bocajarro continuamente.
Conocí a Merche en un trabajo, hace ya bastante tiempo y congeniamos muy bien. Ella era de fuera de Madrid y no conocía a nadie en la capital, así que digamos que yo la presenté a todos mis amigos y la introduje en mi entorno.
Por entonces, yo salía quemada de haber perdido parte de mi vida por culpa de “gran sapo” y trataba por todos los medios de encauzarme. Estaba cansada de peleas, de gente que se volvía violenta por la bebida y cansada de acabar por su culpa la noche en el pub de moda: la comisaría.
Y es ahora, tiempo después, cuando impotente veo cómo Merche repite esa historia. Cómo se ve absolutamente fascinada por una personalidad como la de “gran sapo”, al que los años le han calmado pero no le han eliminado muchos de sus excesos.
Y cuando me cuenta cosas, sufro por ella como otros sufrieron por mí en su momento,y, al igual que yo, no escucha a nadie en su afán por estamparse ella solita contra una pared...Cuando el alma está anestesiada

“Ojos que no ven...corazón que no siente”, todos hemos escuchado esta frase hasta la saciedad. Yo me escudé en ella durante meses, situé a Zak en otra dimensión, en otro mundo, como si su presencia sólo hubiera existido en otra vida, como si se hubiera marchado lejos...Me sentí muy fuerte por haberlo olvidado, por no estar pegada al teléfono ni mirar a todos lados mientras recorría la ciudad.
Le saqué de mi mente a empujones y cerré la puerta para que su rostro no me hiciera llorar una y mil veces.
Pero fue una venda, y como todas, tarde o temprano acaban por caer.
Y la venda cayó por su propio peso. Porque no se puede vivir engañada, negando las evidencias o ignorando los indicios, o haciéndose la sorda ante comentarios desafortunados, porque aunque esa posibilidad rondara por mi cabeza, rápidamente mi memoria la arrinconaba en una esquina.
Y es entonces cuando me doy cuenta de que Zak ya tiene quién le coja la mano y le mire a los ojos. Y aunque yo hace tiempo que sonrío con Pete, el alma me sigue doliendo con esa certeza.
Alguien que muchos indicios gritan que caminan juntos desde hace más de un año, y son los que me hacen sentir como si se abriera un agujero bajo mi cuerpo: nosotros terminamos hace un año.
Y yo nunca quise creer en el engaño.Destierro la posibilidad. “Cuando pienso en el tiempo que ayer presumía de ganador,ahora cuento los días y segundos desde ese adiós,perdí mi risa y la razón, vendí mi alma,corazón.”
Intrigas

Otra vez esos mensajes. De nuevo tras tres o cuatro meses. Y justamente tras el fin de semana, como en el fondo me imaginaba, aunque no me guste la idea.
Al principio fueron mensajes en blanco, como no ponía nada, pensé que era cosa de mi ordenador, que tenía ya sus años y a veces hacía de las suyas.
Luego empezaron a poner cosas, normales, me preguntaban por mi trabajo y por mi vida en general. Pensé que alguien había confundido una dirección de otra persona con la mía, no es difícil. Así que pensando que eran fruto de un error no me molestaba en contestar. Tras unos días, al ver que continuaban (a menudo eran mensajes repetidos), quise poner fin a la confusión y escribí al remitente haciéndole ver que quizá se había equivocado de persona.
Y fue entonces cuando comenzaron los mensajes extraños. Compartir el nombre con alguien pudo ser la causa, como pensé al principio,pero empezaron a ir más allá.
A aparecer más nombres, todos relacionados conmigo y con una historia que no tenía pies ni cabeza, a dar demasiados detalles.
El día que me negué a abrir mi correo, fue el día en que uno de los mensajes hacía referencia a una conversación que había tenido lugar días atrás entre otra persona y yo.
Y el remitente no podía ser esa persona.Me cambié de dirección.No sé que me inquietaba más, si el hecho de que alguien a quien ni siquiera conocía se hubiera molestado en iniciar en esa cadena, o el hecho de que lo hubiera hecho alguien de mi entorno, y concretamente una persona.
¿pero cómo pensar que alguien tan cercano, alguien a quien aprecio tanto y he tenido tanta unión es capaz de algo tan rebuscado?Y ahora, vuelta a la carga. Estoy muy mosqueada.
Una luz en la Gran Vía

La tarde comenzó con el relato de historias en ocasiones leídas, pero nunca escuchadas. Cara a cara contamos emociones y hechos. Nuestras historias propias.
Entre vaso y vaso hubo lugar para las fotos y los abrazos. ¿cuánto tiempo pasó? Demasiado, a juzgar por los guardianes de mi vida, que entraron en la cueva. Los acordes del piano dejaron de sonar, y de la risa pasé al llanto. Me apagaron el interruptor y sin pretenderlo me dejaron a oscuras. Miento. No me dejaron a oscuras. Una luz brillaba a mi lado en la Gran Vía.
Una luz que me ofreció tranquilidad, y serenidad en la tormenta. La misma luz que me dijo que me dejara llevar por mi nombre. Que intentara bailar en mi mundo. En medio de la oscuridad, siempre brilla una llama. Y aún tengo que contemplar muchas luces. Las luces del puerto, por ejemplo.
Muchas gracias por todo. Me ha encantado

