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02/12/2007
Del Támesis a Picadilly
Tras años de intentos frustrados, de folletos vacacionales que acababan guardados en un cajón, de palabras que no llegaban a nada, por fín he viajado con Toni. Unos días de descanso en pleno noviembre que no han venido sino a confirmar lo que ya intuía, que no somos los mismos de antaño, que los días turbios son ahora los que están en el cajón y que parece como si nos hubiéramos conocido en el mes de junio, y no aquella lejana noche de 2002. Ha sido la escapada que necesitaba. Y la que con más cariño recordaré desde el mismo momento que subí al avión y me agarró la mano consciente de mi miedo a volar. A pesar del caos con las maletas y el equipaje dañado, de la intensa niebla al llegar al destino, de mis pequeños enfados por las gestiones del hotel y su extrema parsimonia, prefiero quedarme con los abrazos en el ascensor, las sonrisas nada más despertar y su cara junto a mí antes de dormir, el peluche de regalo en la juguetería más grande y las carreras bajo la poco agradable lluvia londinense, los paseos por el Támesis y las fotos desde el barco con la cúpula de San Paul de fondo.
Londres, una ciudad inabarcable y llena de contrastes. Grandes parques llenos de estatuas, majestuosas catedrales que sobresalen junto a edificios más modernos, plazas en las que la vida no acaba y un gran río. No olvidaré nunca la sincera conversación que sostuvimos, cuyo testigo, un imponente Big Ben iluminado, me devolvió la luz y la ilusión.07/12/2007
Días grises
Suele contar mi padre siempre que cuando yo nací, Héctor iba por los pasillos del hospital contando a todo el mundo que iba a tener una hermanita. A sus dos años, encantó a los médicos, asegurándoles que iba a cuidar de mí, porque él era mayor, y así fue durante una gran parte de mi niñez. Realmente, cuando pienso en mi infancia, aparece Héctor en casi todos mis recuerdos. Era hijo único, su madre sabía que siempre lo sería, pues no podría darle hermanos, los médicos habían sido claros. Por ello volcó en mí, la hija de sus vecinos, su cariño fraternal. Amigos desde siempre, nuestros padres planeaban vacaciones conjuntas, excursiones, y fiestas navideñas. Pues efectivamente, llegamos a ser casi una misma familia.
Vivíamos puerta con puerta, íbamos al mismo colegio, jugábamos en el mismo barrio y discutíamos casi a menudo, cosas de niños, ya se sabe. Yo me reía cuando Héctor aseguraba a todo el mundo que se casaría conmigo porque sólo él me aguantaría.
El día que tuve mi primera borrachera, me cubrió frente a mis padres durante horas, y cuando más tarde empezó a salir con chicas, me las presentaba como cuñaditas.
Hace unos años Héctor se marchó fuera a estudiar. El contacto diario con el tiempo pasó a convertirse en eventual, mensajes felicitándonos cumpleaños y navidades, y charlas aisladas.
Sus padres se mudaron, y toda relación se interrumpió, pues cada uno siguió con su vida.Hoy, a bastantes kilómetros de aquí, Héctor lucha contra el tiempo, conectado a una absurda máquina cuyo pitido, aunque lento, aún se escucha.
Hoy, algo se debilita también en mi interior…12/12/2007
Dos años han pasado

Un fondo azul celeste, un texto color grana junto a letras rosas, fuertes, al contrario que mi estado aquellos días, débil, marchito…, unas fotos elegidas al azar y un bebé sonriente y risueño que buscaba transmitirme lo que a mí me faltaba, el regocijo. A continuación, un nombre, mi particular manera de denominarme “pequeña flor”, de manera liberal, casi inventada, una “fiore” diminuta, sin pétalos.
Luego vinieron los escritos, pequeños llantos que no salían de mis ojos, sino de mis manos, espejo de mi alma, pequeñas letras para sentimientos grandes. Después, todo cobró vida, pues llegó lo más importante: vosotros.Firmas y comentarios anónimos que dejé de considerar como tal, puesto que tras cada uno, hay un nombre, una opinión, un lector, una vida. Abrazos que me han llegado a través de la pantalla y besos que he sentido dados.
Ánimos que me han hecho esbozar una sonrisa.
Todo este conjunto, es lo que da carácter a esta página, que hoy, cumple dos años.
Poco queda de lo que era mi vida en aquel momento, diferentes trabajos, diferentes amigos, unos que llegaron, otros que quedaron por el camino, amores perdidos y vueltos a encontrar. Muchos cambios, algunos que no recordaba y he rescatado de los archivos.
Cuando escribí las primeras líneas, era una flor a la que le faltaba el sol, pues se había secado. Hoy Fiore ha crecido en su maceta y se encuentra saludable. No le falta quien le riegue. Muchas gracias a todos por hacerme un huequito de vuestro tiempo para leer mi puzzle de historias.18/12/2007
Volver a nacer
Las fotos estaban colgadas en su espacio de Internet, la mayoría son de años pasados, las que yo quería no las encuentro, las de este año. Tras un repaso por la galería, mi humor cambia, se oscurece. Desde las fotografías me sonríen rostros de los que todo lo sé, pero a los que apenas reconozco ya. Ahí encuentro a Pete y a Marcos, en nuestras vacaciones de la playa, atrás quedaron esos días, atrás las noches de concierto, las de cervezas… No vale la pena ponerse triste, los tiempos pasados no fueron mejores, como dice Manrique, simplemente fueron diferentes. Aunque en ocasiones se nota el vacío.
Selecciono algunas de las fotos y las guardo en un archivo donde he ido guardando estos días recuerdos de mi vida. Lo sucedido a Héctor me hizo buscar como una loca en los cajones jirones de aquellos años. Las fotos que he guardado, engordan el archivo en el que ya están guardadas las que encontré de mi casi hermano.
Durante estos días, en mi casa no se ha hablado de otra cosa, las noticias llegan con cuentagotas, y mis padres han pensado en emprender viaje antes de Navidad. Llevamos dos días sin saber nada.
Como si un ente me leyera el pensamiento, mientras miro al pequeño Héctor de diez años cogiéndome la mano en una foto, suena el teléfono y se me encoge el corazón cuando desde el salón escucho a mi madre llorar.
Al mirarla, veo alegría en su rostro. Héctor vivirá. Ha ganado la batalla.Es entonces cuando la tarde gris se vuelve naranja. Nuestro milagro de Navidad26/12/2007
La Nochebuena se viene...
…la Nochebuena se va…” Un año más, la Nochebuena se ha marchado, dejando atrás una cena de siete personas que invariablemente se reúnen en torno a la misma mesa a comer el mismo plato. No somos familia de grandes cambios, y mis abuelos, ya mayores, apenas reparan en este día, salvo por la presencia de un nuevo mantel en la mesa y la ausencia de sus habituales sopas de leche. No pido más, sólo que mientras sea posible pueda seguir celebrándolo con ellos. Y este año, ha estado a punto de no ser así. Hace unos días, mi abuela amaneció con mucha fiebre y fue ingresada en un hospital. Por suerte, fue un susto, y no faltó a la tradicional cena.Como casi cada año, mi padre contó las mismas anécdotas y mi abuelo sus mil historias de la guerra, mi madre supervisó los preparativos, y mi hermano y yo nos atrincherábamos en una habitación para evitar broncas de última hora por no haber llevado tal o cual cosa.El día de Navidad lo recibí de madrugada llorando en un coche junto a Pete, lágrimas agridulces producidas por el inmenso cariño que me demuestra día a día a pesar de que nuestros lazos se hayan roto. el día de Navidad terminó con una fotografía que recoge la ilusión de mi niño Toni al recibir su regalo.No me han faltado las personas que quería ¿puedo pedir más?Espero que hayais pasado unas felices fiestas. Ahora, el 2008, a la vuelta de la esquina nos traerá nuevas historias.

