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The World of Pikifiore

Tormenta de arena

Tormenta de arena

Veo en sus ojos la desazón de un disgusto, la sombra de una preocupación y la tristeza, y le pregunto. Pero mis palabras chocan contra el muro que se va levantando entre nosotras. Impotente, no puedo hacer nada, porque no hablamos el mismo idioma, me siento en una torre de Babel continua, en una espiral de conversaciones inacabadas, en una fuerza que a la vez me acerca y me aleja de ella. Porque somos iguales, y a la vez estamos tan distantes...

Y ni Pete, ni la ilusión de unas vacaciones inmediatas, ni los ánimos de mi hermano, pueden ahora levantarme.

Y de nuevo por la noche, en medio del desierto, la arena me golpea mientras ciega mis ojos y va impidiéndome poco a poco respirar. Un sueño que vuelve. Un sueño que se repite siempre por la misma razón. No consigo comunicarme con mi madre, entrar en su mundo, entender sus razones.

Antes nos reíamos mucho juntas. Y yo busco el eco de nuestras carcajadas, pero ya hace tiempo que se perdió entre las montañas.

También hay alegrías

También hay alegrías

Es de justicia que cada persona reciba lo que merece, y tras escribir posts como el anterior, siento que de algún modo no estoy siendo justa. Es cierto que en muchos momentos, una extraña tristeza me invade, como si se tratara de una pequeña herida que con un movimiento brusco se resiente y también que las cenizas de una historia que me marcó han dejado un poso hondo en mi corazón, pero asimismo es cierto que existen en mi vida hoy, grandes motivos para esbozar sonrisas. Uno de esos motivos tiene nombre, Pete.

Pete es quien me regala abrazos y sonrisas y me coge de la mano, el que me llama cada noche para desearme las buenas noches, el que me mira a los ojos y me da seguridad, y con el que paso a paso construyo una historia que me da miedo pero que a la vez no temo tanto tras cada madrugada.

Hace unas semanas, se abrió la primera brecha entre nosotros y nos gritamos tanto, que supe que podía perderle. Y me dio vértigo. Vértigo como tantas otras veces he sentido. No quisiera estropearlo. Por eso el pasado…tiene que ser eso, pasado. El presente puede ofrecer grandes historias.

Dos mitades

Dos mitades

Mi corazón tiene dos partes, unidas sí, pero de momento incompatibles. Lo que una parte dicta, la otra lo rechaza, lo que una ensalza, la otra lo menosprecia.

La parte rebelde es la que contiene los recuerdos, la parte que recoge el pasado sin soltar lastre, la parte que te dibuja, que susurra tu nombre cuando llueve, la parte que no te olvida.

La parte cuerda es la que me lleva a abrir la ventana para ver amanecer, la que recoge el presente, la que sonríe hoy y mañana...

Estas partes están conflicto, y yo quiero que se reconcilien, que la parte rebelde ceda ante la supremacía de la cuerda.

Hoy es día 14, un día más para cada una de las partes de mi corazón, pero no para la sociedad que nos obliga a que hay que quererse más.

Hoy, como siempre, quizá una parte aún te recuerde, y quizá la otra decida por fin doblar la esquina y ser feliz.

 

Mi mapa del tesoro

Mi mapa del tesoro

Encontrar un mapa del tesoro, y rescatar una parte de mi infancia....(post anterior).

Cuando era pequeña, pasaba mucho tiempo con mi padre inventando historias, planeando momentos y creando mundos de fantasía en los lugares que habitualmente visitábamos. Pasábamos largas temporadas en la sierra, contando historias al pie de la chimenea y planeando excursiones para las mañanas de sábado. Había un lugar especial, al que mi padre me llevaba a menudo. Las aguas de un embalse cubrían gran parte del terreno, el resto lo ocupaba una espesa floresta cuyo suelo estaba cubierto por helechos. Mi padre solía hablarme de los gnomos que habitaban bajo los helechos, y me decía que si ponía un poco de atención podía escucharlos correr y murmurar por lo bajo.

Yo me ponía muy seria y me prometía a mí misma que encontraría uno de aquellos gnomos para ver cómo eran y hacerle muchas preguntas...

Había por allí cerca, restos de un antiguo pueblo, paredes derruidas y lo que quedaba de una vieja iglesia. Me gustaba imaginar cómo había sido aquel lugar cuando estaba habitado, y me preguntaba si hombres y gnomos vivirían en armonía.

En una ocasión, cuando tenía 8 años, mi padre propuso enterrar un tesoro bajo aquellos muros, para ir a buscarlo pasados unos años. La idea me entusiasmó. En una vieja caja de latón, que antaño había contenido galletas, introduje mi “tesoro”: dos chapas, un coche pequeñito de los que mi hermano usaba para las carreras, dos muñecos de pin y pon, un pequeño bordadito que las monjas me habían obligado a hacer, y una carta, no fuera a ser que alguien más avispado encontrara el trofeo antes que yo...

Hicimos un mapa, con las indicaciones necesarias. Nunca volvimos a por él.

Había olvidado esta historia, hasta que esta semana mi padre me anunció que haciendo expurgo en los cajones, había encontrado arrugado y medio roto, el mapa de nuestro tesoro...

“¿Y si lo buscamos?”, me dijo. Yo sonreí, hace tanto tiempo que no hago nada con él, que me pregunto ¿por qué no?. Seguramente el tesoro está esperando desde hace casi veinte años, que lo saquemos a la luz.

Cosas que hacen que la vida valga la pena

Cosas que hacen que la vida valga la pena

Haciendo balance de las últimas semanas, llenas de luces y sombras, de dudas y decisiones, de encuentros y desencuentros, de altos y bajos, de soles y lunas, hallo un puñado de momentos que pasarán a formar parte de mi saquito de pequeñas alegrías, de pequeños hechos y mínimos actos.

Estos momentos anulan las malas caras, los malos momentos y los disgustos cotidianos. La salsa de la vida.

Encontrarte una postal en el buzón, de un lugar que creías olvidado y de un país que hace años que no pisas.

Conseguir entrar en un proceso de selección para un proyecto de cooperación donde todo son cribas.

Preparar un viaje y sonreír como una boba viendo los paisajes del destino elegido.

Tener un desayuno especial porque tu hermano está agradecido por algo.

Conducir con la canción que te sabes de memoria y cantar junto al copiloto porque a ambos os encanta.

Recibir una felicitación por una cosa bien hecha.

Sentir que has ayudado a alguien que ha tenido un problema.

Descubrir el video de una actuación que te acercó a alguien a quien creías perdido.

Llegar a una casa mucho tiempo cerrada y sentir que todo está en calma. Abrir el balcón y respirar.

Llorar con una película que tiene un final feliz.

Leer un buen libro hecha un ovillo en el sofá con el pijama puesto.

Escuchar una canción y sentir que la letra te llena por completo.

Recuperar el contacto y las ganas de hablar con quien se alejó.

Recibir un mensaje multimedia de camino a casa en el momento en que estabas pensando en la persona que lo envió, y sonreir a la luna .

Acordarte de un chiste y no parar de reír mientras todos te miran con cara de extrañeza.

Salir del gimnasio y sentir que las energías negativas se han quedado dentro.

Descubrir sobre la mesa del trabajo un libro de poesías, regalo del compañero que apenas te habla.

Hablar por teléfono sólo porque sí, porque te apetece.

La reconciliación después de una pelea.

Colgar fotos de momentos capturados.

Encontrar un mapa del tesoro, y rescatar una parte de mi infancia. Habrá días malos, pero mientras podamos llenar una cajita de pequeñas cosas, las penas son más llevaderas, y las alegrías más luminosas.

 

Atropello

Despuntaba el alba y Madrid entre dos luces ya tenía sus calles pobladas de gente. La corriente fría me golpeaba en la cara más bruscamente al salir del metro. Con torpeza debida a sus años, un anciano avanzaba delante de mí. Había algo en su manera de andar que me hizo recordar a mi abuelo, quizá su manera de mover una pierna tras otra, quizá su mirada limpia, quizá el modo en que se abría paso con su bastón nacarado… Al llegar al cruce aceleré el paso, atrás quedó el anciano y su mirada, corrí al ver que el semáforo parpadeaba, aún me daba tiempo.Ya en la otra acera, un golpe seco a mi espalda. Al girar, lo primero que ví fue un bastón nacarado en el asfalto, y después un tumulto de gente que gritaba y un coche a lo lejos que huía… Corrí hacia allí, temblando cogí mi teléfono y marqué un número de tres cifras mientras dos chicos levantaban al anciano, que parecía no estar en este mundo y que quebraba la cara con dolor. Se apoyó en mi brazo, creo que tenía algo roto. Allí estuve hasta que llegó la ambulancia. Cuando me preguntó mi nombre y le ofrecí la respuesta me apretó la mano y me explicó que su nieta debía ser como yo…y que se llamaba como yo. Diagnóstico leve. Tuvo suerte en esta ocasión. El coche nunca paró. 

Una luz en la Gran Vía

Una luz en la Gran Vía

La tarde comenzó con el relato de historias en ocasiones leídas, pero nunca escuchadas. Cara a cara contamos emociones y hechos. Nuestras historias propias.

Entre vaso y vaso hubo lugar para las fotos y los abrazos. ¿cuánto tiempo pasó? Demasiado, a juzgar por los guardianes de mi vida, que entraron en la cueva. Los acordes del piano dejaron de sonar, y de la risa pasé al llanto. Me apagaron el interruptor y sin pretenderlo me dejaron a oscuras. Miento. No me dejaron a oscuras. Una luz brillaba a mi lado en la Gran Vía.

Una luz que me ofreció tranquilidad, y serenidad en la tormenta. La misma luz que me dijo que me dejara llevar por mi nombre. Que intentara bailar en mi mundo. En medio de la oscuridad, siempre brilla una llama. Y aún tengo que contemplar muchas luces. Las luces del puerto, por ejemplo.

Muchas gracias por todo. Me ha encantado

Intrigas

Intrigas

Otra vez esos mensajes. De nuevo tras tres o cuatro meses. Y justamente tras el fin de semana, como en el fondo me imaginaba, aunque no me guste la idea.

Al principio fueron mensajes en blanco, como no ponía nada, pensé que era cosa de mi ordenador, que tenía ya sus años y a veces hacía de las suyas.

Luego empezaron a poner cosas, normales, me preguntaban por mi trabajo y por mi vida en general. Pensé que alguien había confundido una dirección de otra persona con la mía, no es difícil. Así que pensando que eran fruto de un error no me molestaba en contestar. Tras unos días, al ver que continuaban (a menudo eran mensajes repetidos), quise poner fin a la confusión y escribí al remitente haciéndole ver que quizá se había equivocado de persona.

Y fue entonces cuando comenzaron los mensajes extraños. Compartir el nombre con alguien pudo ser la causa, como pensé al principio,pero empezaron a ir más allá.

A aparecer más nombres, todos relacionados conmigo y con una historia que no tenía pies ni cabeza, a dar demasiados detalles.

El día que me negué a abrir mi correo, fue el día en que uno de los mensajes hacía referencia a una conversación que había tenido lugar días atrás entre otra persona y yo.

Y el remitente no podía ser esa persona.Me cambié de dirección.

No sé que me inquietaba más, si el hecho de que alguien a quien ni siquiera conocía se hubiera molestado en iniciar en esa cadena, o el hecho de que lo hubiera hecho alguien de mi entorno, y concretamente una persona.

¿pero cómo pensar que alguien tan cercano, alguien a quien aprecio tanto y he tenido tanta unión es capaz de algo tan rebuscado?Y ahora, vuelta a la carga. Estoy muy mosqueada.

 

Cuando el alma está anestesiada

Cuando el alma está anestesiada

“Ojos que no ven...corazón que no siente”, todos hemos escuchado esta frase hasta la saciedad. Yo me escudé en ella durante meses, situé a Zak en otra dimensión, en otro mundo, como si su presencia sólo hubiera existido en otra vida, como si se hubiera marchado lejos...Me sentí muy fuerte por haberlo olvidado, por no estar pegada al teléfono ni mirar a todos lados mientras recorría la ciudad.

Le saqué de mi mente a empujones y cerré la puerta para que su rostro no me hiciera llorar una y mil veces.

Pero fue una venda, y como todas, tarde o temprano acaban por caer.

Y la venda cayó por su propio peso. Porque no se puede vivir engañada, negando las evidencias o ignorando los indicios, o haciéndose la sorda ante comentarios desafortunados, porque aunque esa posibilidad rondara por mi cabeza, rápidamente mi memoria la arrinconaba en una esquina.

Y es entonces cuando me doy cuenta de que Zak ya tiene quién le coja la mano y le mire a los ojos. Y aunque yo hace tiempo que sonrío con Pete, el alma me sigue doliendo con esa certeza.

Alguien que muchos indicios gritan que caminan juntos desde hace más de un año,  y son los que me hacen sentir como si se abriera un agujero bajo mi cuerpo: nosotros terminamos hace un año.

Y yo nunca quise creer en el engaño.Destierro la posibilidad. “Cuando pienso en el tiempo que ayer presumía de ganador,ahora cuento los días y segundos desde ese adiós,perdí mi risa y la razón, vendí mi alma,corazón.”

 

Palabras que chocan contra la pared

Palabras que chocan contra la pared

Existen dos frases que no soporto que me digan. La primera es: “Fiore, tengo que decirte algo”, porque generalmente va acompañada de un disgusto y malas noticias. La segunda es: “Te lo dije”, representa un estrepitoso fracaso o equivocación. El caso es que últimamente cada vez que abro la boca y hablo con mi amiga Merche, me dan ganas de soltárselas a bocajarro continuamente.

Conocí a Merche en un trabajo, hace ya bastante tiempo y congeniamos muy bien. Ella era de fuera de Madrid y no conocía a nadie en la capital, así que digamos que yo la presenté a todos mis amigos y la introduje en mi entorno.

Por entonces, yo salía quemada de haber perdido parte de mi vida por culpa de “gran sapo” y trataba por todos los medios de encauzarme. Estaba cansada de peleas, de gente que se volvía violenta por la bebida y cansada de acabar por su culpa la noche en el pub de moda: la comisaría.

Y es ahora, tiempo después, cuando impotente veo cómo Merche repite esa historia. Cómo se ve absolutamente fascinada por una personalidad como la de “gran sapo”, al que los años le han calmado pero no le han eliminado muchos de sus excesos.

Y cuando me cuenta cosas, sufro por ella como otros sufrieron por mí en su momento,y, al igual que yo, no escucha a nadie en su afán por estamparse ella solita contra una pared...

Estrenando nuevo calendario

Y llegó enero, y con él, su famosa cuesta, los famosos descuentos, que no son tales (ayer encontré un abrigo rebajado un euro,ole), los buenos propósitos y el retorno a la normalidad. El caos se apodera de nuevo de la ciudad cuando intentamos entrar todos a la vez en plena hora punta.

Vuelve en enero la rutina, pero yo no le hago ascos, esa bendita rutina que quiere decir que todo sigue en órden.

Se están dando circunstancias en mi trabajo que me están haciendo no magnificar los acontecimientos y darle a cada cosa la importancia que se merece.

Y circunstancias en mi vida que hacen que me replantee el camino a seguir en este recién estrenado año. Decisiones que tomar, y respuestas que se hacen esperar.

Mientras tanto, el sol sigue saliendo cada mañana y la luna sigue alumbrando cada noche. Y con eso me basta.

Capítulos finales

Capítulos finales

Llegué tarde, varios minutos después de la hora señalada. Suelo ser puntual,  pero en esta ocasión me quedé deambulando por las tiendecitas del metro inquieta e indecisa. Iba a ver a Zak.En este caso no se trataba de encuentros casuales ni sorpresas inesperadas, esta vez, habíamos quedado. La primera vez después de que nuestros caminos se bifurcaran. La primera vez en más de un año. Y yo sólo trataba de ganar tiempo para que el temblor de mis piernas desapareciera.Como suponía, ya estaba allí, en una mesa al fondo del local, mirando a la gente pasar a través de los cristales empañados. No sé qué piernas me llevaron hasta allí, pero no fueron las mías.

Unos segundos de silencio hasta que pronuncié un saludo.

Aferrada a mi tercio como si fuera mi última posesión, dos horas pasaron volando, y el tiempo, imparable, marcó el fin del último acto. Hablamos con el cariño de dos personas que fueron una, pero con la distancia que abren las viejas heridas y las causas de nuestro adiós, y con la brecha que produce la separación.

Me acompañó hacia mi parada, aquel que se sabía de memoria tiempo atrás y que tomaba cada tarde para reunirse conmigo. Y en la dársena de mi autobús, una nueva despedida, fría, triste, descolorida.

Quizá si yo hubiera sido Katherine Hepburn, y él hubiera sido Cary Grant, nos hubiéramos mirado a los ojos y hubiéramos sentido que el mundo se paraba, quizá él hubiera empezado a explicarme porqué lo dejó todo en un pozo oscuro y yo hubiera llorado diciéndole que había sido lo más importante de mi vida y lo mucho que me había costado seguir mi camino sin él.

Quizá hubieran empezado a sonar los acordes de una canción melódica mientras nos cogíamos de la mano, nuestros ojos se encontraban y nuestros labios se unían, y después los títulos de crédito hubieran empezado a desfilar por la pantalla.

Pero yo no soy Katherine, y él no es Cary. Y mi historia no es una película, es una de tantas en las que no hay final comercial. Hay un final, y punto.

Y la vida continúa, como continuó hace un año. Sé que está cercano el momento en que él deje de ser el titular de mis lágrimas.

Un año más

Un año más

“Y en el reloj de antaño, como de año en año, cinco minutos más para la cuenta atrás hacemos el balance de lo bueno y malo cinco minutos antes de la cuenta atrás”

Doce campanadas, doce uvas que no se comieron a tiempo, ocho copas de cava sobre la mesa y unas cuantas lagrimillas para despedir el año extinto. Lágrimas agridulces, de pena y esperanza.

Adiós a un año que comenzó mal, mientras aún me sangraban las heridas de una despedida, y que con el paso de los meses se han ido curando poco a poco. Adiós al año que me trajo un trabajo nuevo y que me permitió recuperar parte de mi pasado, adiós al año de los secretos compartidos, de las revelaciones inesperadas, de las decisiones duras y de los viajes que me abrieron los ojos.

Bienvenido el año de la renovación, que comienza con la esperanza de encontrar lo que tanto tiempo llevo buscando, que me permite esperarlo con los ojos brillantes y la cabeza alta.

Bienvenido 2007.Bienvenidos los proyectos, los planes y las nuevas vivencias. 

Cuestión de optimismo

Cuestión de optimismo

En estos días navideños queda mucho lugar para los recuerdos, para las personas con la que un día celebraste las fiestas, pero también tienen cabida las sensaciones nuevas, los sentimientos de alegría, las demostraciones de cariño inesperadas y las ganas de comenzar un año con optimismo y energía.

Tiene cabida la necesidad de recoger los pedacitos de una vida y guardarlos bajo llave en un cajón. Y llenar un cajón nuevo con las vivencias de una nueva vida. Enterrar el pasado y dar carta libre al presente, que quiere comenzar florido en estos días de nieve.

No me ha tocado el gordo, pero me siento millonaria, millonaria de abrazos, millonaria de ilusiones y millonaria de gente que me quiere. 

Noche dulce y feliz

Noche dulce y feliz

Pese a que no nos trasladamos muy lejos, ya se oye movimiento de equipaje en mi casa. Unas cuantas bolsas de fin de semana que llevan casi más tiempo en mi familia que mis abuelos.

Esta noche dormiremos todos con ellos, una tradición que se remonta a cuando yo era pequeña y que con los años no se ha eliminado pese a que sólo estamos a 30 km de distancia, pero que forma parte del encanto de este día.

Este año seré yo la que duerma en un saco de dormir entre mis primos que no dejan de chillar, porque no hay camas para todos...

Es como un pequeño campamento improvisado.

Pasadlo todos muy bien...y FELIZ NAVIDAD!!!!!

 

A golpes con la Navidad...

A golpes con la Navidad...

Con la inocencia de sus cuatro años, mi prima abre los ojos de asombro ante las luces que estos días alumbran las calles, bate palmas cuando escucha villancicos y se mueve de un lado a otro sin querer perderse nada. Estira sus manitas y levanta los brazos como si quisiera coger las estrellas luminosas de los adornos, y se ríe como una loca cuando ve a Papá Noel.

Papá Noel toca un cascado violín, y luce un raído traje a la salida de unos grandes almacenes, ante él, una pequeña caja muestra las pocas monedas que ha podido conseguir en la fría tarde…

Mi prima le escucha tocar, y me pregunta porqué está tan delgado, y antes de que pueda contestarle, un grupo de salvajes se acerca y empieza a dar patadas al navideño violinista robándole lo que había conseguido, ante la mirada de la niña. Ella llora, Papá Noel también, mi prima no comprende cómo unos señores malos pegan al anciano de la barba blanca.¿Por qué llora Papá Noel?, me pregunta.

Mientras llega la policia, a la que su madre ha llamado, pienso en que Papá Noel llora porque no encuentra el espíritu de la Navidad… 

Las sombras de una actuación

Las sombras de una actuación

El otro día fue al estreno musical de unos amigos, tocaban en una pequeña sala de la capital y para ellos era todo un acontecimiento y también para los que allí estuvimos acompañándolos. A la alegría de ver a gente a la que por la distancia no veo tanto como pudiera, se unió la desagradable experiencia de encontrarme con personas que me hicieron mucho mal años atrás, gente con la que, por conocidos comunes, de vez en cuando tengo que compartir paredes y que sacan lo peor que hay en mí.

No me considero una persona vengativa ni rencorosa, pero me cuesta olvidar las lágrimas que los comentarios de personas como ellos me hicieron derramar.

Todo el mundo tiene sus errores, y en mí, está el error de haberme obsesionado en mis primeros años de carrera con quien yo llamo para mis adentros “el gran sapo”, por lo rana que me salió. Una persona que hizo que mi autoestima alcanzara sus cotas más bajas y que mi personalidad quedara reducida a cero. Pero si bien “gran sapo” no se portó honestamente, mi deterioro en aquellos momentos no lo provocó sólo él ,lo causaron sus amigos, que con actitudes hirientes hacían quemar una relación de por sí imposible.

Hoy en día, y tras muchos reproches y muchas palabras, mi relación con “gran sapo” es medianamente normal. Maduró y reconoció no haberse comportado con diplomacia, y yo, que tampoco estuve a la altura de las circunstancias, me dí cuenta de que precipité el desenlace.

No ocurre lo mismo con sus amigos, anclados en el pasado. Comportándose igual y buscando nuevas víctimas a las que atacar con el único arma que tienen, la ignorancia.

Como era de esperar, dadas las circunstancias, aparecieron en el concierto.

Fueron los únicos acordes fuera de sitio, las únicas notas desafinadas.

Sé que no vivimos en el mismo mundo, sé que no me aportan nada. Yo sé quiénes son los que me quieren, y con eso me basta.

No los necesito.

 

Un año de posts

Un año de posts

“Empecemos por el principio”..., era el título con el que encabezaba hace exactamente un año mi primer post en un recién creado blog, sin estar muy segura de que fuera a cumplir su primer aniversario, ya que muchas veces comienzo cosas que a los meses se van diluyendo y quedando olvidadas, pero no ha sido este el caso.

Hace un año sentí la necesidad de refugiarme en esta página para escribir aquello que verbalmente no podía transmitir. Me sentía perdida y había pasado de un mundo color rosa a un mundo gris, en aquellos días no sentía ilusión por nada, me había salido del sendero y sólo podía caminar a trompicones sobre caminos de gravilla mal trazados. Me había quedado sola con mis recuerdos y sin una explicación y mis cimientos se desmoronaban. Recuerdo la fría tarde en que, animada por un mail, inicié The World of Pikiore.

Al principio me leían dos personas, a las que guardo gran cariño porque me abrieron la puerta a sus escritos, y era a las únicas a las que leía antes de iniciarme en esto. Con los meses me sorprendí de que nuevas personas leyeran este espacio, que nació de la nada y gracias a eso he conocido a mucha gente encantadora.

Desde aquí doy las gracias a todos aquellos que me leéis, aunque a veces mis posts sean ñoños o tristes, aunque sean aburridos o previsibles, a todos los que me hacéis reir con vuestros comentarios, o reflexionar con vuestras palabras, o emocionarme con vuestros ánimos. Gracias a los que me habéis permitido descubrir bonitas canciones o a aquellos con los que he podido compartir un café o una agradable comida.

En definitiva, gracias a todos

Ocho de diciembre

8 de diciembre de 2005. Día de la Inmaculada y cumpleaños de mi hermano.Estando toda la familia reunida, el inconfundible sonido de mi móvil interrumpía el momento en el que iba a entregarle su regalo. Al otro lado de la línea, mi perfecto novio, Zak, me comunicaba que teníamos que hablar. Fue el principio del fin. Sólo recuerdo el sabor de la tarta que me quemaba la garganta...

8 de diciembre de 2006. Día de la Inmaculada y cumpleaños de mi hermano. De nuevo toda la familia reunida. Tuve que apagar el móvil, de puro miedo al recordar el momento. Y es que hay heridas que tardan en cerrarse.

Corazones en el exilio

Corazones en el exilio

Esta historia no me pertenece, pero desde que tuve conocimiento de la misma, me pareció mágica y la tomé como una prueba de que el mundo es muy pequeño y que el destino quizá exista…

A finales de los años setenta, unos jóvenes chilenos se prometieron en matrimonio y empezaron a hacer planes de futuro, planes que se rompieron con el golpe de estado de Pinochet y su posterior dictadura. En torno a 1974, los jóvenes que tenían ideas contrarias al dictador se vieron conducidos al exilio para salvar su libertad. Éste fue el caso del joven, quien gracias a ayudas, escapó de incógnito del país, prometiendo a su joven novia que se reunirían.Pero su familia fue vigilada, las comunicaciones eran difíciles, y ella no consiguió averiguar su paradero. Le hicieron creer que murió en el exilio, y con el tiempo abandonó el país en busca de una nueva vida en otro lugar.

Pero él no había muerto. Consiguió establecerse en Francia, pasaron los años, fundó una familia y tuvo hijos, fue feliz, pero nunca logró saber qué fue de la prometida que dejó en Chile. Intentó hacerle llegar noticias, y supo que ella también se había marchado, a un destino desconocido.

Ella vino a España, encontró un trabajo y nunca se casó.

Transcurridos veinte años, tras haber enviudado, él hizo un viaje a España. Y al cuarto día, sus ojos se volvieron a cruzar en un vagón de metro de una gran ciudad.

Han recuperado los años perdidos. Dentro de unos meses podrán, finalmente, casarse