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The World of Pikifiore

De penas

Tiempo sin tiempo

Tiempo sin tiempo


Preciso tiempo, necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
qué hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo pueda abrir y cerrar
como una puerta
tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien, hoy no es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo
tiempo para esconderme en el canto de un gallo
y para reaparecer en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj
vale decir preciso
o sea necesito
digamos, me hace falta
tiempo sin tiempo

 

Mario Benedetti, Tiempo sin tiempo

 

Como escribió el maestro…, necesito tiempo para saber porqué estoy triste, porqué no soy capaz de ver las cosas bonitas que me están pasando y sólo me fijo en las nubes de tormenta.

A veces me siento egoísta, desagradecida…pero no puedo evitar estar triste. Apagada. Sin luz.

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Nadie se queda cuando empiezo a llorar

Nadie se queda cuando empiezo a llorar

A veces veo el mundo como un lugar inhóspito, como la típica estampa del desierto del Colorado, donde sólo algunos matojos se mueven.

A veces el sol en lo alto del cielo, me da la espalda, y me coloque donde me coloque y aunque no haya sombras no me regala ninguno de sus rayos.

El agua no me moja y la sal no me da sabor en los bocados que pruebo.

Porque nada tiene sentido si lloro, nada tiene sentido si veo cómo el camino se llena de baches y me siento como si probara un simulador en los que sólo hay sacudidas.

Si una canción no me emociona, si una película no me motiva, si un abrazo no me conforma y una lágrima no me conmueve cómo va a interesarme que no haya nubes en el cielo.

Entonces sólo soy como una marioneta abandonada en Madrid.

Ya sé que todo lo hago grande o lo veo negro,

ya sé que me subo a las nubes o me bajo al infierno.

Que tengo miedo a perder y por eso siempre pierdo.

(Gastelo)

 

 

Renunciar

Renunciar

Pasaras por mi vida sin saber que pasaste.
Pasaras en silencio por mi amor, y al pasar,
fingire una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte ... y jamas lo sabrás.

Soñare con el nacar virginal de tu frente;
soñare con tus ojos de esmeraldas de mar;
soñare con tus labios desesperadamente;
soñare con tus besos ... y jamás lo sabrás.

Quizas pases con otro que te diga al oido
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amare más que nunca ... y jamás lo sabrás.

Yo te amare en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos ... y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-- el tormento infinito que te debo ocultar --
te diré sonriente: "No es nada ... ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima ... ¡y jamás lo sabrás!

Jose Angel Buesa (Poema del Renunciamiento)

 

A lo lejos

A lo lejos

“Para vos no es novedad

que el mundo os ama de veras,

pero no olvidéis nunca

que yo siempre os amaré

un poquito más que el mundo”

Mario Benedetti

 

 

Últimamente mi vida está cambiando a un ritmo vertiginoso. Hace unos años, mi casa era la última de la población, se veían las montañas desde la ventana y los domingos por la tarde, cuando hacía bueno, solíamos ir a pasear con mi padre por el prado que daba a la parte de atrás.

Hoy, mi casa ha pasado a ser parte del centro urbano, por donde pasan todas las líneas de autobús y de tránsito obligado para salir del municipio. Los bloques de hormigón se apelotonan unos frente a otros, y no hay campo por el que pasear.

Aunque ya hace unos años que no se veo las montañas desde mi casa, si me asomaba mucho y en días claros los picos estaban allí lejos para darme los buenos días.

Mientras me sentaba en el autobús pensaba que a partir de ahora iba a echar mucho de menos verlas desde mis nuevas ventanas, desde mi nuevo rincón.

 

 

 

Copas rotas

Copas rotas

Llegaba tarde al trabajo, había apurado el tiempo entre las sábanas intentando absorber el fresquito que entraba por la ventana, que había estado ausente toda la noche.

Bajaba la cuesta corriendo y cuando subí al autobús, alguien lo hizo detrás de mí. Entonces la ví.

Pero después de cuatro años no me salía una sonrisa, no me salía una palabra, sólo me salía gritarla que no se sentara a mi lado, que no exhibiera esa sonrisa y que no me preguntara por mi vida de la cual salió voluntariamente. Pero no lo hice.

El destino ha hecho que tengamos que coincidir forzosamente durante el verano, y a mí aún me duele. No soy rencorosa. Pero no me apetece perdonar. Ya lo he hecho tantas veces, que en algún punto hay que plantarse.

 

No me tomes por tonta

Deseo que ya no puede ser

Deseo que ya no puede ser

Con la mirada titubeante fija en la manga de su jersey, ella esperaba impaciente que el camarero terminara de servirle la copa. Era consciente de que esta copa sobraba, pues ya se notaba algo mareada, pero necesitaba tener algo entre las manos y el acto reflejo de dar pequeños sorbitos le hacía sentirse un poquito más segura. Después de pagar se apoyó, de espaldas a la barra y removió un poco los hielos mientras alzaba la vista y le buscaba entre la gente.

No eran buenos tiempos para ninguno, ambos lo sabían.

Ella se consolaba con el calor de su mirada, y él apuraba las horas intensamente para no darse cuenta de que el tiempo se iba con ellas…

Torpemente, pasó entre la gente que abarrotaba el local, su cabeza no estaba mucho más despejada, y súbitamente se sintió muy mal y tuvo miedo de que una lágrima traicionera hiciera acto de presencia tirándole por tierra su trabajada fachada de alegría.

Cuando le encontró, únicamente fue capaz de darle un abrazo, nada más. Se sentía grande entre sus brazos, y a la vez demasiado pequeña.

Un solo beso lo hubiera cambiado todo.

Un solo beso lo hubiera destruido.

“Aunque tus lágrimas te sequé, eres ya parte de mi ayer...” (Deseo que ya no puede ser.Nek)

Hoy de letras tristes

Hoy de letras tristes

“Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más.
Qué estúpida la plenitud del día. ¿A quién engaña este cielo azul, este mediodía con risas? ¿Para quién se ha urdido esta inmensa mentira de meses soleados y campos verdes? ¿Por qué este vano rodeo de la muerte por las costas de la primavera? El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra de puro vacío, y en el cabeceo del mundo bajo un viento banal sólo veo la obcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rige siempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que la persistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar”

Francisco Umbral, Mortal y rosa

Negra noche

Negra noche

Había animación esa noche, no hacía demasiado frío y la ciudad estaba entretenida y encendida, pero mi cuerpo estaba cansado, las horas de estudio me habían dejado debilitada. No fue difícil encontrar un taxi, y apoyada en la ventanilla entrecerraba los ojos mientras esperaba llegar a mi destino.

La calle estaba cortada y le indiqué al conductor una esquina más alejada para bajarme. “Buenas noches muchacha”…

La cola para entrar al local era grande, había precios especiales esa noche. Miré a la gente mientras, con las manos distraídas empezaba a sacar mis llaves para tenerlas a mano. Suspiré. Antes iba de fiesta en fiesta yo también.Pero en ese momento sólo quería ir a la cama.

Una sirena me despertó de madrugada, me volví a dormir con murmullos de voces que procedían de la acera. La sirena se alejó…

A la mañana siguiente mi abuela vino alterada de comprar el pan y me contó lo ocurrido.

El local precintado. Su rostro en todos los telediarios y periódicos nacionales. Y me quedé parada en el sitio. No le conocía de nada, absolutamente de nada, pero podía ser cualquiera de los que ví la noche anterior. Cuando la noche era joven. Uno de tantos chavales que lo que buscaba era una noche de sábado entre amigos y copas. Una vida rota por un empujón fortuito.

Un lugar al que no debió haber ido. Un hecho que no debía haber ocurrido jamás…

Como lágrimas en la lluvia se irán...

Como lágrimas en la lluvia se irán...

La primera vez que un chico me dijo: “te quiero”, lloré mucho. No fueron lágrimas de emoción, de las que salen espontáneamente, sino de tristeza y de rabia. No llegaron a tiempo, no supo elegir el momento y aquellas dos palabras, que siempre había deseado oír, sonaron huecas y perdieron su sentido.

Fueron palabras dolientes, que no tuvieron que ser pronunciadas. Tuvo tiempo para decirlo, para demostrarlo, y eligió lanzarlas al aire cuando ya no estábamos juntos y yo había conocido a alguien.

Y su sonido estuvo en mi cabeza mucho tiempo, martirizándome.

No sirve de nada decir algo que no sientas. Las palabras no borran los hechos. ¿De qué sirve un TE QUIERO mayúsculo cuando aún te duele el alma con los insultos dichos horas antes? ¿De verdad quieres oir que te ama cuando has sido humillada ante la gente?

Pequeña, a veces no cuesta nada regalar palabras, adornar oidos, lo que debes valorar es que te regalen amor. Del que no se pronuncia, del que se siente

Superada

Superada

Yo reía a carcajadas por lo cómico del momento, por eso me sorprendió su reacción. Cuando ví que empezaba a llorar por haberse mojado el pelo, le espeté: “No seas ridícula”… Ni me miró. Sólo lloraba y lloraba. Entonces supe que no lloraba por su pelo, lloraba por lo que se le acumulaba en su vida, lloraba de impotencia, de rabia, y de cansancio…

Tranquila, mujer de ojos tristes. Conseguirás que la ley te ayude

Tempestades

Tempestades

El temporal estaba arreciando, al menos ya no se oían los desagradables portazos que rompían el silencio momentos antes. Ella se había refugiado en la soledad de su habitación y aún notaba pegajosas sus mejillas, lágrimas secas en ellas. Su corazón latía a mil por hora y apretaba fuerte su pelotilla antiestrés intentando relajarse. De vez en cuando, una lágrima perdida asomaba a sus ojos, y se enfurecía ligeramente. “No llores…” se decía. Y así se tragaba su propia rabia y tristeza, y su creciente preocupación. Las cosas no habían sido así siempre, pero ahora no recordaba apenas otra época.

Agobiada en esas cuatro paredes necesitó abrir la puerta del mundo. Su coche era su aliado, esperando paciente en el lado menos iluminado del garaje. Vestida con un ligero pantalón, encendió el motor y el recopilatorio de grandes éxitos inundó de sonido el coche. Música de siempre para acompasar su corazón. Se sintió un poco mejor mientras metía la marcha hacia cualquier lugar.

Recordó las cajas del maletero, chatarra inútil que esperaba su desaparición. Existía un lugar para deshacerse de ello. Antiguos electródomesticos, plásticos, viejos recuerdos y muebles. Allí donde mueren las cosas que nos sobran. Se encaminó allí.

Caía la tarde en la explanada, los enormes contenedores se alineaban frente a ella, dispuestos a engullir lo que les ofreciera.

Cargó como pudo con todo aquello, alguna mesa, un viejo televisor, aparatos obsoletos. Y con la rabia aún en el cuerpo, y recordando escenas de esa misma tarde, tiró uno a uno cada objeto en esas grandes bocas negras. Los levantó a duras penas y apuntó. Sonrió al oir el impacto contra el fondo.

Le supo a gloria. Ya no sentía tanta rabia.

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Algo se muere en el alma...

Algo se muere en el alma...

Siempre supe que llegaría este momento, pero no que llegaría tan de repente.

Gracias por todo. Mucha suerte en tu nuevo camino.

Espero que los barcos del puerto te hagan llegar un poquito de luz  de esta ciudad, que estará siempre para tí encendida.

Floto en la memoria de mis días grises

Floto en la memoria de mis días grises

Cuando comencé a salir con Toni meses atrás, tenía miedo, mucho miedo de que fuera como la primera vez, de que salieran a relucir aspectos que tiraron ya la relación por el retrete. Y estaba a la vez que emocionada, triste, porque fueron muchas cosas las que dejé atrás, y ello me supuso alejarme de la persona que había permanecido a mi lado entonces. Mientras más me acercaba a Toni, más le perdía, pero así son las cosas.

El otro día alguien me llamó como solía hacerlo él, y no me gustó, aquello era suyo y lo guardé en mi baúl de recuerdos. Aquello era nuestro.

Afortunadamente, las cosas van muy bien con Toni, pero no hay día que no me acuerde de él, pequeños detalles que indican que le llevo en el corazón. Fue mi compañero, mi apoyo, reímos muchas veces, lloramos otras tantas, conocía mis temores…Esos temores que hacen que de pronto un día soleado se vuelva gris, que mis manos tiemblen y que yo no haga otra cosa que llorar y meterme asustada en la cama. Los que hoy, vuelven.

Era mi amigo. Y le echo de menos. En días como hoy, me gustaría un abrazo suyo. De los de "todo está bien".

Pequeño ángel...

Pequeño ángel...

Aún nadie comprende porqué el niño empezó a correr.

Aún todos se niegan a creer que haya ocurrido.

El conductor aún no sabe cómo podrá seguir paseando por los mismos caminos. Y derrama sus lágrimas porque no pudo hacer nada.

Nadie sabe cómo explicarle a su hermanita que no volverá a jugar con él. Y es que hay cosas que nadie debería jamás tener que explicar. Cosas que nadie debería vivir.

Se quedan escasas las flores, pierde la tierra un ángel, y lo gana el cielo

Nubes grises

Nubes grises Aparecen periódicamente, me dejan baldada unos días y generalmente desaparecen. Son los sueños, la incapacidad de ver el futuro, el miedo y los dolores como pinchacitos que ya no sé si son reales o no. Lo cierto es que la situación se genera al menos una vez al año.

Dicen que el subconsciente tiene mucho que ver en todo eso, somatizo mis miedos hasta el punto de que siento hasta dolor físico, y es entonces cuando no tengo ganas de hacer nada, me siento débil y sólo en la cama encuentro un refugio seguro, y en el sueño un aliciente.

Cada mañana me despierto más apagada, y un buen día el temblor, la ansiedad desaparece. Pero ¿y si no desaparece?

Suelen aparecer por una causa, el año pasado ocurrió, durante unos meses en que mi relación con Pete no iba hacia ningún sitio. Hoy sé que el corazón no me engaña y estoy con quien debo estar, y sin embargo, vienen los malos pensamientos, como cada primavera, adelantándose como la Semana Santa.

Entre los motivos, la incertidumbre que atravieso.

Hoy, mi puesto laboral se subasta al mejor postor, y en el plazo de un mes, quizá no sea yo la que ocupe esta silla. Y el mundo continúa mientras mi vida se queda estancada, y son los demás los que deciden por mí.

Y mientras, Toni me habla de un futuro, y yo, a veces, lloro porque no me veo en ese futuro, y quiero verme, pero no soy capaz de ver más allá, porque tengo miedo. Y quiero que vuelvan los claros y que yo pueda reirme con ganas.

Días grises

Suele contar mi padre siempre que cuando yo nací, Héctor iba por los pasillos del hospital contando a todo el mundo que iba a tener una hermanita. A sus dos años, encantó a los médicos, asegurándoles que iba a cuidar de mí, porque él era mayor, y así fue durante una gran parte de mi niñez. Realmente, cuando pienso en mi infancia, aparece Héctor en casi todos mis recuerdos. Era hijo único, su madre sabía que siempre lo sería, pues no podría darle hermanos, los médicos habían sido claros. Por ello volcó en mí, la hija de sus vecinos, su cariño fraternal. Amigos desde siempre, nuestros padres planeaban vacaciones conjuntas, excursiones, y fiestas navideñas. Pues efectivamente, llegamos a ser casi una misma familia.

Vivíamos puerta con puerta, íbamos al mismo colegio, jugábamos en el mismo barrio y discutíamos casi a menudo, cosas de niños, ya se sabe. Yo me reía cuando Héctor aseguraba a todo el mundo que se casaría conmigo porque sólo él me aguantaría.

El día que tuve mi primera borrachera, me cubrió frente a mis padres durante horas, y cuando más tarde empezó a salir con chicas, me las presentaba como cuñaditas.

Hace unos años Héctor se marchó fuera a estudiar. El contacto diario con el tiempo pasó a convertirse en eventual, mensajes felicitándonos cumpleaños y navidades, y charlas aisladas.

Sus padres se mudaron, y toda relación se interrumpió, pues cada uno siguió con su vida.

Hoy, a bastantes kilómetros de aquí, Héctor lucha contra el tiempo, conectado a una absurda máquina cuyo pitido, aunque lento, aún se escucha.

Hoy, algo se debilita también en mi interior…

Vuelven los miedos

A pesar de lo querida que me siento, de lo feliz que estoy, y de lo mucho que deseo que brille el futuro con Toni, mis malditos temores hacia lo desconocido me vuelven a paralizar, mis sueños agitados no me dejan en paz y los pensamientos más oscuros sobrevuelan mi cabeza a lo largo de la mañana, mientras intento inútilmente terminar un informe. De vez en cuanto, escribo un post así, tan de vez en cuando, como cuando mi mente se niega a ser racional, a pensar con claridad y a dejarse llevar por las paranoias. Primero un dolor me atenaza el pecho, y luego un nudo en el estómago me lleva a encogerme de angustia…

Quiero coger de la mano a la persona que quiero, y que me mire a los ojos jurándome que no va a pasar nada.

Quiero estar tranquila y no despertarme llorando en medio de la noche por temor a no estar aquí mañana.

Quizá debería buscar consejo…pero escribiendo me siento mejor.

Bye, bye summer...

Bye, bye summer... Aunque siempre ha sido el 21 de septiembre, ayer terminó el verano,y yo estaba un poquito más apagada. No me gusta ver apagar las luces de las terrazas, guardar las sandalias en el fondo del armario y dedicarme a ver el mar en las fotos que me recuerdan los días que pisé la arena. A pesar de mi supuesta madurez, de mis años, aún supone un pequeño bajón emocional el tránsito al otoño, a los días decrecientes, a las calles alfombradas de hojas, a las lluvias intermitentes…y sin embargo, ¡qué encanto tiene!
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Hasta siempre

El fin de semana se presentaba con buenas perspectivas, unas entrañables fiestas, una reunión de mucha gente, aquellos a los que no se ve a menudo, unas horas en compañía. El fin de semana se presentaba alegre, y se tiñó de negro. Negro como el coche que no paró, como la noche sin luna, negro como el campo sin luz y la larga carretera sin señales.

Mucha velocidad, una gran imprudencia, y un alma inocente que vió como se quebraba su existencia la noche del viernes.

Nadie se merece un final así, ni siquiera aquel que no volvió la vista atrás y siguió quemando las carreteras en su vehículo infernal…

Un corazón voló

Un corazón voló

Hace unos meses contaba la historia de dos corazones que se separaron y a los que el destino volvió a unir pasados casi veinte años para darles la oportunidad de vivir lo que en su momento no pudieron. Dos corazones exiliados que se buscaron a lo largo y ancho de este enorme mundo. Poco ha durado su nueva vida, tras ocho preciosos meses, el corazón de ella se marchitó para siempre y dejó de latir ayer por una inesperada enfermedad

Si la vida no consiguió separarles, probablemente la muerte no lo consiga tampoco, y si una vez lograron encontrarse, lo volverán a hacer allá donde sus almas estén.

Poco puedo hacer yo, pero sirvan estas líneas de pequeño homenaje a los protagonistas de esta historia, que la vida, una vez más ha alejado.
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