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The World of Pikifiore

Huellas de una amistad olvidada

Huellas de una amistad olvidada

Ayer me detuve un rato a pensar en ella, ocurrió cuando encontré su jersey verde en el fondo de mi armario, en el momento en que yo recolocaba los míos.

El día que me lo dejó había nevado y yo temblaba como una hoja un día de vendaval.

Ella y yo nunca fuímos parecidas, quizá la amiga más distinta a mi personalidad que he tenido nunca y a pesar de nuestros choques siempre agotábamos las horas al teléfono y apurábamos los fines de semana entre risas y enfados. Por ella me metí en mil historias, y de ellas acabé sacándola con apuros, por ella tuve problemas con mis amigas de toda la vida y lo dejé todo cuando casi sin aliento me contó que su novio la había abandonado.Y un buen día, ya no tuvo tiempo para mí, sus veinticuatro horas diarias eran demasiado poco tiempo para dedicarle a su nuevo novio, y se fabricó semanas eternas y días que nunca terminaban para estar con él.Y dejó de sonar mi teléfono y vibrar mi móvil a la hora del descanso, y dejó de llorar y hablarme al otro lado de la línea, y olvidó el camino que llevaba a mi casa y el horario de los bares en los que nos divertíamos. Y pasó por alto las tardes de estudios compartidas y las confidencias robadas a altas horas de la noche.

Tenía razón la gente, nunca fuímos parecidas.

No sé porqué, ayer le mandé un mensaje, la respuesta, tal y como esperaba: ninguna. A veces, sí me arrepiento del tiempo invertido. No la necesito.

Lo que ha de venir...

Lo que ha de venir...

Analizo mis sentimientos en la tranquilidad de mi habitación, y me invade una sensación enorme de soledad, de extrañeza y de lejanía con mi mundo. La gente a la que veo todos los días se me hace distante y lo que antes me importaba tantísimo hoy me es indiferente. Me siento sin fuerzas para preocuparme por lo que antes luchaba. Me quedo sin lágrimas para llorar por lo que siempre lloraba.

La búsqueda de segundos caminos es lo único que me mantiene animada, sólo cuando no escucho a Pete llorar al otro lado del teléfono y hace que mi firmeza se tambalee y que mi ilusión parpadee.

No sé cómo caminar hacia los meses que vendrán.

He hecho un paréntesis en mi rutina para conocer por fín un puerto que un día prometí mirar. Y paseé y disfrute de la vista y la calma. Pero las luces de los barcos y las aguas del mar, me trajeron el deseo de compartirlo con quien no estaba.

Quiero volver a verlo de nuevo, con ojos no empañados.

Me preguntaste que cuándo me cansaría de sentirme mal por todo. Creo que aún no tengo la respuesta.   

 

   

Días y noches

Días y noches

Varios días sin escribir intentando sacar un momento en el trabajo y acabar desistiendo, varios días sin dormir en mi habitación porque se me antojaba lugar non grato, varios días al borde de las lágrimas y a un paso de la risa desaforada. He pasado unos días tocando dos extremos, el de la pena y el de la alegría. Mensajes que me hacen sonreír y conversaciones que me mantienen viva todo el día y parte de la noche, paseos por el centro de la capital, carreras bajo la lluvia, una dulce espera de madrugada…

Pero también hay en mi mundo llamadas que no son contestadas, velados reproches, falta de confianza, y amigos con los que el abismo cada vez es más grande. Y tan pronto una mañana despierto pletórica como al momento me hundo pensando en lo mal que me siento. Tiempo de contrastes. De libros que terminan, de películas que comienzan. De lluvia y sol.

Un sol que asoma, poco a poco, pero asoma y quiero verlo.

Power on

Y cuando dije “Basta, se terminó ”, la luz se apagó, como si un gran relámpago hubiera cortado toda mi corriente eléctrica, y me dejó tumbada en la cama, con la cara churretosa por lágrimas que no encontraban desembocadura y formaban charcos,sin ganas de abrir la boca y sin ganas de correr. En off…

Pero vuelvo, vuelvo porque por una vez voy a pensar en mí, vuelvo porque sé que ahí fuera hay gente esperándome, vuelvo porque hay gente por conocer, lugares que visitar, llamadas que recibir e historias que escribir.

Aunque haya quienes quieran apagarme, este cacharro llamado Fiore, aún tiene mucha batería.

Y por eso, estoy en on.

Una vida ya sin tí...

Una vida ya sin tí...

Ayer, una parte de mí murió, y a partir de hoy, irá muriendo cada día un poco más. El peso por haber causado un dolor tan grande me perseguirá y me empañará cualquier sensación de felicidad que pueda tener. No puedo con los gritos de mi alma.

A lo largo de mi vida, he sufrido varios desgarros en el corazón, con el tiempo cicatrizados, excepto uno que sangra de vez en cuando, es por ello que mi capacidad de estar con alguien al cien por cien, se ve limitada. Pero nunca he sido yo la que destruyera una vida.

He roto los sueños de Pete, he cortado la cuerda que me sostenía, y mi mundo ha quedado reducido a cenizas desde que le miré y ví su angustia en los ojos.

Ha desaparecido su foto de mi monedero, al igual que todos nuestros planes.

He perdido al ángel, al amigo, al protector y a la persona que me quería con locura, he perdido sus risas. Con él lo he perdido todo, y casi hasta la razón…

Pero no había mariposas con él, y no puedo estar con alguien a quien no amo mientras deseo estar con otra persona. Por eso elegí este final. Sé que es lo que debía hacer, pero me encuentro terriblemente mal,como nunca antes.

¿Cómo sentirse cuando quieres tantísimo a alguien que quisieras vender tu alma para conseguir amarle?

Cuando amaine la lluvia

Cuando amaine la lluvia

Unos meses después, han vuelto las mariposas, revolotean en mi estómago y en mi mundo cuando parecía que se habían marchado para siempre. Quizá nunca se fueron, quizá se escondieron en algún tejado esperando otras primaveras. Son pocas, no puedo invitar a más, pero ¿y si van llegando sin ser llamadas?

Regresaron porque en un descuido cerré mal la ventana que les impedía el paso. Tras un tiempo esquivando caminos, hoy vuelvo a tener sacudidas. Cuando mi vida está más encaminada, y mi tranquilidad más asegurada, cuando disfruto un amor sano e incondicional, siento deseos de subir de nuevo al carrusel cuando me topo con su sonrisa, la misma que alejé de mi lado. ¡Qué poco oportunos son los momentos!

Pero al igual que los relámpagos son cuestión de pocos segundos, también sé que esta tormenta terminará en unos días, y todo volverá a ser estable.

Porque el trayecto de un carrusel es corto y siempre vuelve al punto de partida. Y hay caminos que sí conducen a un destino.

De haberlo sabido...

De haberlo sabido...

El espejo le devolvió la patética imagen. Sus ojos estaban hinchados y por su cara se veían los surcos ya resecos del maquillaje que no se quitó. El blanco de sus ojos estaba rojizo y presentaba muestras evidentes de cansancio.

Eran los resultados de horas de llorar tumbada en la cama, tras haber cerrado la puerta de su casa por última vez, después de que él se hubiera marchado. Aún sentía su mano entre las suyas y su voz amable interrumpida por sollozos. Ahora siente el poso que deja un encuentro fugaz. Ahora siente el peso del pasado que nunca termina de irse.

El cielo le ha regalado un ángel, pero más que nunca ahora no olvida a su pequeño demonio.

“No sé restar tu mitad a mi corazón…” 

Aire para mí

Aire para mí

A Pete no parece haberle hecho mucha gracia que haya planificado este puente por mi cuenta, pero aun así ha comprendido mis razones.

Me voy a marchar unos días con mis amigas ya que me apetece una escapada de ese estilo. Me sorprende cada día la capacidad que tiene de aceptarme, estaba acostumbrada a ver en otras relaciones caras de enfado, reproches y algún que otro chantajillo emocional, él me comprende y es consciente de que necesito mi propio espacio para no empezar a agobiarme. Hay mundos que considero sólo míos y en los que me cuesta dejar entrar sin llamar.

Veo como mis amigas se ven envueltas en una espiral de dependencia de sus parejas tal, que no son capaces de dar un paso sin ellas. Yo no quiero caer en eso. No puedo caer en eso.

Sin embargo, me ha conmovido tanto su confianza, que creo que volveré antes para pasar unos días del puente también aquí. Tampoco es cuestión de que se rompa la cuerda.

Y yo misma tengo miedo de caer en errores olvidados.Y abrir puertas que ya están cerradas.

  Pasadlo muy bien estos días y cuidado con las carreteras.

Prueba de resistencia

Prueba de resistencia

Me considero una persona abierta, fácil de tratar y tolerante. Participativa, con conversación y algo despistada. Cuando llego nueva a un sitio paso por unos cuantos días de timidez hasta que me hago con el entorno, luego empiezo a estar a gusto y trato de mejorar la relación con las personas que me rodean.

Me gusta mucho hablar, lo reconozco, y hasta ahora sólo existía una persona en mi vida a la que aborreciera tanto que su sola presencia me causara malestar.

Por todo esto, cada día se me hace más insoportable compartir despacho con mi compañero de trabajo, porque está a punto de convertirse en la segunda persona bajo cuyo mismo techo no puedo estar.

El hecho de que no me salude al entrar ni se despida al irse, es ya ínfimo. Ocho horas con alguien que no me dirige la palabra es superior a mí. No despega la vista del ordenador ni aunque haya fuego en el despacho, y cuando lo hace es para dirigirme alguna mirada de reproche porque me ha sonado el móvil o me ha llegado algún mensaje. No participa en las reuniones, nunca hace uso de su derecho al desayuno para hacer ver quién es el que más trabaja y hace participe al jefe de cada uno de nuestros movimientos, para quedar por encima de todos.

Sé que el problema no lo tengo yo sino él, pero se me hace tan insoportable estar al lado de alguien así que hoy he saltado.

La niña tranquila, la niña frívola y tonta que seguro que él ve,  ha gritado. Ha perdido los nervios…

En primavera...

En primavera...

Hoy se ha declarado formalmente el inicio de la primavera en la capital, a la que las lluvias de los últimos días le habían puesto muy difícil una entrada en condiciones. El sol que brillaba al mediodía bajo mi ventana, me ha llevado a improvisar una comida al aire libre para que mi cara empiece a coger color.

Sentada frente al estanque del Retiro llegan a mí los chapoteos de los remos, algunos torpemente sostenidos por grupos de amigos que ríen ante la posibilidad de caer al agua. Aunque acudo al parque ocasionalmente, hacía años que no me acercaba al estanque. Eso me ha traído a la memoria la última vez  que paseé por allí con Toni en uno de los momentos más estables de mi vida anterior. Una soleada tarde en que alquilamos una barca cuando aún no habíamos hecho más que comenzar un periodo que nos llevaría de enfados a reconciliaciones de continuo. Vuelve a hacérseme extraño el hecho de que después de todas las turbulencias hayamos conseguido ser amigos…

Hay mucho ambiente hoy en el parque y me siento tentada de no volver de nuevo al trabajo, pero tengo muchos días por delante para repetir la experiencia. Hace unos días, noté como se me despertaba el gusanillo de dormitar a la sombra de aquellos árboles, o charlar tranquilamente viendo pasar el tiempo, pero aunque la compañía era buena, mis ojos se veían incapaces de seguir abiertos durante mucho tiempo, y mi cuerpo notaba a marchas forzadas el malestar producido por muchas horas sin dormir.

De nuevo un fin de semana intenso, de pasar poco por casa. Pete me riñe como un padre, y me dice que me cuide, pero cuando uno está a gusto hay que aprovechar, al fin y al cabo si me acuesto ya es mañana, y yo quiero alargar el hoy.

Mar en calma

El regreso de las vacaciones ha venido acompañado de una vuelta a la normalidad sorprendente, en todos los sentidos. Parece que mi compañero ha decidido enterrar el hacha de guerra y el ambiente en el trabajo es más respirable, mis miedos y pequeños episodios de ansiedad van desapareciendo y finalmente se está produciendo un acercamiento entre dos personas que quiero. En mi móvil vuelven a recibirse llamadas de Marcos, y con cada mañana, me voy sintiendo algo más tranquila.

A veces es necesaria una distancia para que las cosas se calmen.

Estos días de fiesta me he escapado de la capital a mi refugio favorito, y aunque la lluvia no me ha dejado ver el pico de mis montañas, ha limpiado todo el aire. Me ha venido muy bien la escapada, que me ha traído largas charlas en un café antiguo, fiestas hace tiempo olvidadas, gente de otra vida anterior, de mi época de Toni, y unas disculpas que llevaban años atrasadas.

Teléfonos que vuelven a la agenda y voluntad para recuperar un contacto perdido, que nunca debió extraviarse. 

Los lugares que fueron nuestros

Los lugares que fueron nuestros

“Quedó algo de nosotros en esos lugares,

en el lavabo de señoras y en el puerto,

en la butaca del cine, en una boca de metro

y en todas esas esquinas que solíamos doblar”…

No es extraño que mil lugares del lugar en que vivimos me recuerden a ti, si únicamente nos separan unas calles de distancia, no es extraño que la parada del autobús me traiga tu imagen, ni que el banco conserve aún tu silueta, ni que la cafetería de la esquina me traiga el aroma del café mezclado con el tuyo.

No es extraño que todo eso se una y en lugar de percepciones aparezcas tú.

Cerré los ojos cuando te ví entrar, como si con eso tú te marcharas…y dejé que el café se enfriara. Con los ojos cerrados recordé el tiempo en que mi mundo llevaba tu nombre, los días en que bordaba mis sueños con tus iniciales. Y esos recuerdos ya no saben a nada, están fríos como mi café antes humeante.

Abrí los ojos y ví tu mirada desde otra mesa, con esos tonos de gris y negro que cambiaban. Siempre me resultó muy complicado percibir su profundidad porque me aturdía tu mirada y me perdía en ella.

Ahora me he acostumbrado a la transparencia de otros ojos, aunque tú sigas siendo el dueño de tantos lugares, la vida me ha traído más lugares para la memoria, más jardines de sueños.

Y por eso te sonreí antes de marcharme, por lo que fuiste…pero ya no serás.

Hoy no me puedo levantar...

El medicamento que me he tomado hace unas horas comienza a hacer su efecto, pero no con la intención deseada, sino como planta adormidera. Empiezo a escribir este post aun sin saber si conseguiré terminarlo porque la cabeza se me ladea de manera involuntaria, pero necesito teclear algo para disimular ante mi compañero, que me mira de reojo como si me hubiera fumado alguna hierba.

Lo cierto es que de cansancio ando sobrada, suerte que dentro de unas horas comienza el tan deseado fin de semana, del que muchas veces salgo peor de lo que entré.

Ayer pasé toda la tarde-noche en una oscura y amplia sala de un teatro madrileño, más cerca del techo que del suelo y con miles de estrellas artificiales brillando sobre mí. Me reí, lloré, salté, canté y bailé y sobretodo recordé aquellos años en los que iba al colegio con la falda un poquito remangada en la cintura para rabiar a las monjas mientras escuchábamos a Mecano en el patio del colegio a escondidas.

Ayer, cuatro horas de musical, pasaron volando, igual de rápido que los casi catorce años que han pasado desde esas vivencias.

Y sigo notando cómo se me ponen los pelos de punta cuando comienzo a oir aquello de…”y aunque fui yo quien decidió que ya no más…” 

Retazos

Retazos

El ordenador, inerte sobre la mesa, acumulando polvo y prácticamente sin encender. Lo enchufo y al comenzar a escribir, nuevamente lo apago. Mis dedos no saben dónde moverse, qué teclas acariciar. Muchas cosas que decir, pocas ganas de hacerlo. Estados de ánimo cambiantes.

Mi garganta se enciende y se apaga, muestra signos de fatiga y debo cuidarla, mi compañero inicia una cruzada contra mí porque quiere un proyecto para él solo, Marcos no me mira a los ojos ni me desea buenas noches, una amiga ha decidido que yo sea la sustituta de su novio tras la ruptura, me roba el aire, las horas, el sueño, las ganas de cenar…me llena el calendario. Pete me sorprende con su pasividad en ciertas cosas, aunque pone equilibrioen mi desorden.

Demasiadas nubes hay en mi cabeza, las mismas que hay en el cielo de Madrid hoy. Aunque se esperan cielos despejados.

El fin de semana dejó baldado mi cuerpo, las horas de sueño pasan factura, y se fue dejándome agotada. También me ha dejado la alegría de una visita y un reencuentro, la huella de una conversación extendida durante toda la madrugada y el sabor de unas cervezas que nunca terminé pero de las que siempre me acordaré. Me preguntó si le sentía un extraño. “No”, fue la respuesta. Le siento cercano y eso me hace esbozar una sonrisa.Son quienes todos los días están cerca de mí a quienes siento extraños estos días. Deseo que venga la normalidad de nuevo. Que me los devuelvan como eran antes…   

¿Qué es el tiempo?

¿Qué es el tiempo?

¿Quieres entender qué es un año de vida? Pregúntaselo a un estudiante que acaba de suspender el examen de fin de curso.

¿Un mes de vida? Díselo a una mujer que acaba de traer al mundo un niño prematuro y espera que salga de la incubadora para estrecharlo entre sus brazos sano y salvo.

¿Una semana? Que te lo cuente un hombre que trabaja en una fábrica o en una mina para mantener a su familia.

¿Un día? Háblales del asunto a dos que están locamente enamorados uno de otro y esperan el momento de volver a estar juntos.

¿Una hora? Pregúntale a una persona claustrofóbica encerrada en un ascensor averiado.

¿Un segundo? Mira la expresión de un hombre que acaba de salvarse de un accidente de coche.

¿Y una milésima de segundo? Pregúntale al atleta que acaba de ganar la medalla de plata en los juegos olímpicos, en vez de la medalla de oro para la que lleva toda su vida entrenándose .

(Ojalá fuera cierto, Marc Lévy) 

El tiempo nunca espera…

Con música

Ver el post anterior hace que se me encoja el estómago. Los días pasan, las situaciones no cambian. En mi mundo percibo una imagen distorsionada de la figura de Marcos, como si fuera su reflejo en el espejo, como si no se tratara del que ha sido mi mejor amigo este tiempo.No le reconozco.

Hemos guardado los buenos momentos en un cajón, que dejaremos cerrado, y quizá se abra más adelante, en la estación del calor.

Y os dejo este video, que me pesa en mi ordenador. Las últimas notas que le regalé. En italiano.

 

Se me escapa tu mirada

Se me escapa tu mirada

En estos días en que mis miedos de nuevo amenazaban con superarme, había estado pensando mucho en el valor de la amistad, a modo de retrospectiva me había estado acordando de quienes en un momento dado estuvieron a mi lado y por circunstancias de la vida ya no están. Para mí, el significado de la amistad es sagrado, lo doy todo por las personas que más quiero, pero cuanto más das, más fuerte es luego la caída. Te comentaba todo esto la noche del jueves, cuando a las cuatro de la madrugada y agobiada porque no podía dormir recurrí a ti como me habías pedido. Resulta irónico ¿verdad? Yo hablándote de la amistad y tú escuchando, apoyándome. Ya entonces te noté raro.Al día siguiente me enteraba de que se estaba poniendo a prueba una de tus amistades más valiosas. No pude tomar partido. Pero ya lo has hecho tú por mí. Ya no tengo que luchar por hacer que no se rompa. Porque ya se ha roto. Tú lo has roto. Y me has arrastrado contigo. No sólo pierdes a Pete, me pierdes a mí con tu actitud.

Escribir este post me está costando. Con cada palabra que tecleo me cargo de un plumazo todo lo anterior que he escrito sobre ti. Te he dedicado textos enteros cuando sentí que te alejabas, pero aunque lejos, estabas. Te he colocado en el sitio preferencial de mi vida y te he dado mi mano mil veces.Nos hemos dado la mano mil veces.

Ahora me has decepcionado. Como no imaginé que lo hicieras. No lo imaginé aunque los dardos envenenados de ella se sucedieran desde hace meses.

Me cuentan que lloraste tras nuestra última conversación de ayer, que te dolía el corazón y que no querías hacerme daño. No lo dudo, sé que me quieres, lo sé porque me lo has demostrado todos estos años, pero las cosas no se resuelven así.

Te echo de menos tal y como eras y me cuesta perderte Marcos.

No quiero acabar las páginas de este libro, quiero que me ayudes a salvar lo que tenemos. 

 

Yo ya no puedo hacer más

Yo ya no puedo hacer más

Llevo unos días bastante malos, analizando las razones que me llevan a verlo todo gris y a buscar peligros en una vida aparentemente tranquila, noches de mal dormir y días de mal vivir. Pero ya me siento muy cansada, y quiero que mi cerebro deje de maquinar y buscar motivos. Me declaro en paro. Necesito desvincularme de algunas cosas, no hacer míos los problemas de la gente, no tratar de arreglar el mundo solo con mis manos.

Y cuando tomo esta decisión, al rato las cosas se complican. He dado la espalda a mi mundo estos días y al margen han ocurrido cosas. No quiero coger el móvil porque no quiero escuchar cómo dos de las personas más importantes de mi vida deciden tirar la toalla y no luchar por una amistad que se resquebraja, no quiero hacerlo porque me va a afectar y porque emocionalmente estoy en el centro de estas dos personas y sé que mi partidismo por uno u otro lado de la balanza puede desencadenar consecuencias que no deseo.

No quiero escuchar las razones de nadie, no quiero porque no me va a gustar lo que oigo. Y me va a doler profundamente.

Estos días necesito estar tranquila...pero no puedo darme la vuelta mientras lo que antes era un triángulo casi perfecto, pierde uno de sus lados.

Y lloro, pero esta vez no soy yo quien tiene en sus manos el poder arreglarlo.

Miedos...

Miedos...

Soy terriblemente negativa e hipocondríaca cuando me pongo a ello, es algo que siempre me ha venido persiguiendo desde que era pequeña y que con los años, al menos no se ha agrandado, aunque sí ha continuado.

Tendía a pensar cosas espantosas, que me nublaban la vista y me oprimían el pecho creándome una gran ansiedad. Esperaba todos los males posibles y me los creía.

Hubo una semana en la que ni siquiera me atreví a poner los pies en la calle, víctima de un terror infundado y que me atenazaba el cuerpo. Por fortuna, nunca más he vuelto a tener una reacción de ese estilo tan larga, pero a veces aún me vienen negros pensamientos.

Ayer fue uno de esos días, durante veinte minutos, me sentí incapaz de moverme, paralizada de miedo y temblando literalmente. Son momentos fugaces, fruto de algún recuerdo no manifestado o fruto de mis miedos internos. Esos que, aunque no se manifiesten, siempre están ahí.

Por suerte, no vencí a la tentación de meterme en la cama a llorar, pero me sentí muy frágil en el bar, buscando continuamente los abrazos de Pete y sin atreverme a quedarme sola en ningún momento.

Hoy estoy más tranquila, sé que este es un post algo deprimente, pero necesitaba soltarlo. 

 

La ciudad de las mil torres

La ciudad de las mil torres

En las aguas del Moldava se reflejan las luces de los cafés y los edificios que se asientan en sus orillas mientras la noche va cayendo. Un pequeña bruma va invadiendo poco a poco el horizonte y sus aguas van tornándose cada vez más oscuras. De vez en cuando, un barquito con música rompe la quietud del agua. Sobre el puente, las estatuas permanecen impasibles al paso de los años. Han contemplado muchas puestas de sol y muchos atardeceres, y el paso del tiempo está haciendo mella en ellas, que bajo el intenso frío conforman un perfil de cuento. Son testigo de las fotos que día a día los turistas hacen a su paso y protagonistas de los focos de los flashes. En lo alto, una fortaleza domina la ciudad, le da carácter, le imprime personalidad.

En la plaza el reloj inicia su cuenta hacia delante y la muerte toca la campana anunciando una hora en punto.

Suena música clásica.

Hace frío en Praga, en la ciudad de las mil torres.

Han sido pocos días, pero he venido enamorada de la ciudad.