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The World of Pikifiore

365 días

365 días

Hace un año, entre el sabor de una pizza, me dijo: “No dejes que otros decidan por ti, tú tienes que bailar en tu mundo”. Y eso hice. Y le dejé un espacio.  Hacía mucho tiempo que un fin de semana no me cundía tanto. Este sábado amaneció soleado.

El cielo despejado me trajo un Madrid luminoso como hacía meses que no contemplaba. Había luz en el Palacio Real y también en el Templo, y un montón de personitas deseosas de pasear y aprovechar las benignas temperaturas. El hambre me llevó de tapitas, y la sed me llenó de cervezas, vinos y fresas que poblaron en mi cabeza. El día me trajo fotos, paseos y vaciles mil con personas desconocidas. La tarde me trajo música en el metro. Guitarra en mano, Sol tembló.

La noche me trajo más gente, más risas y la sorpresa de conocer a una simpática bloguerita gaditana.

Ya otra persona salta de la pantalla del ordenador a las tres dimensiones.

Ya otra noche para recordar en mi libreta de recuerdos.

Ya un año bailando en mi mundo. 

Un poquillo de humor

Un poquillo de humor

He leído esto por la mañana y me ha hecho gracia, así que aquí queda.

¿Por qué las mujeres están tanto rato en el lavabo público?
El gran secreto de todas las mujeres respecto a los baños es que de niña tu mamá te llevaba albaño, te enseñaba a limpiar la tabla del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza. Finalmente te instruía: 'Nunca, nunca te sientes en un baño publico'
Y luego te mostraba 'la posición' que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza.


"La Posición" es una de las primeras lecciones de vida de una niña, súper importante y necesaria, nos ha de acompañar durante el resto de nuestras vidas. Pero aún hoy en nuestros años adultos,'la posición' es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está a punto de reventar.
Cuando 'tienes que ir' a un baño público, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que dentro está Brad Pitt. Así que pides la vez y esperas paciente, sonriendo amablemente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando piernas y brazos. Es la posición oficial de "me estoy meando".

Finalmente te toca tu turno, pero siempre llega la típica mamá con "la niña pequeña que no se puede aguantar más" y aprovechan para saltarse ambas la cola con todo el morro!. Entonces verificas cada cubículo por debajo para versi no hay piernas. Todos están ocupados. Finalmente uno se abre y te lanzas casi tirando a la persona que va saliendo. Entras y te das cuenta que el picaporte no funciona (nunca funciona); no importa...
Cuelgas tu bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), inspeccionas la zona, el suelo esta lleno de líquidos indefinidos y no te atreves a dejarlo ahí, así que te lo cuelgas del cuello mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa, porque el bolso está lleno de mierdas que fuiste metiendo dentro - la mayoría de las cuales no usas, pero que las tienes por si acaso - ..
Pero volviendo a la puerta... como no tenía picaporte, solo tienes la opción de sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajas las bragas y tomas 'la posición'... Alivio...... AAhhhhhh....por fin... Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar.... por que estás suspendida en el aire, con las piernas flexionadas, las bragas cortándote la circulación de los muslos, el brazo extendido haciendo fuerza contra la puerta y un bolso de 5 kgs. colgando de tu cuello.

Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza ni la cubrirte con papel, interiormente crees que no pasaría nada pero la voz de tu madre retumba en tu cabeza "jamás te sientes en un water público!", así que te quedas en 'la posición' con el tembleque de piernas, entonces por un fallo de cálculo en las distancias una salpicada finíiiiiisima del chorro te salpica en tu propio culo y que ¡¡¡te moja hasta las medias!!! Tienes suerte si no te mojas tus propios zapatos, y es que adoptar "la posición" requiere una gran concentración.

Para alejar de tu mente esa desgracia, buscas el rollo de papel higiénico peroooo, ¡joooooder...! el rollo esta vacío...! (siempre) Entonces suplicas al cielo que entre los 5 kgs. de trastos que llevas en el bolso haya un miserable kleenex, pero para buscar en tu bolso tienes que soltar la puerta, dudas un momento, pero no hay más remedio.y en cuanto sueltas la puerta, alguien la empuja y recibes un portazo que tienes que frenar con un movimiento rápido y brusco, si miramientos o todo el mundo te vera semi sentada en el aire con la bragas por la rodilla ¡¡NO!! Entonces gritas ¡¡¡O-CU-PA-DOOOO !!!', mientras continúas empuja ndo la puerta con tu mano libre, das por hecho que todas las que esperan en el exterior han oído tu mensaje y ya puedes soltar la puerta sin miedo, nadie intentará abrirla de nuevo, (en eso las mujeres nos respetamos mucho) y te dispones a buscar tu keenex sin agobios, te gustaría usar más de uno pero sabes lo valiosos que son en casos similares y te apañas con uno por si acaso.
En ese preciso instante se apaga la luz automática del baño, en un cubículo tan reducido no puede ser tan difícil encontrar el interruptor! das la luz de nuevo con la mano del kleenex por que la otra sigue sujetando tus bragas, vas contando los segundos que te quedan para salir de allí, sudando por que llevas el abrigo puesto ya que no hay perchero, y es que, hay que ver el calor que hace en esos sitios tan pequeños y en esa posición de fuerza en la que sigues, con los gemelos a punto de estallar.

Sin contar el cabreo que llevas por el portazo, el desnuque con la correa del bolso, el sudor que corre por tu frente, la salpicada del chorro en las piernas y en las medias, que todavía están mojadas... el recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima si te viera así; porque su culo nunca tocó el asiento de un baño público, porque francamente, 'tu no sabes qué clase de enfermedades podrías agarrar ahí'.
Pero la debacle no termina... estás exhausta, cuando te pones de pie ya no sientes las piernas, te recolocas la ropa rápidamente y tiras de la cadena ¡sobretodo! Si no funciona preferirías no salir jamás de ese baño ¡qué vergüenza! entonces sales al lavamanos. Todo esta lleno de agua así que no puedes soltar el bolso ni un segundo, lo cuelgas al hombro, no sabes cómo funciona el grifo con los sensores automáticos así que tocas hasta que sale un chorrito de agua fresca, y consigues jabón, te lavas en una posición de jorobado de Notredame para que no se resbale el bolso desde tu hombro y acabe en la pica del baño bajo el chorro automático, el secador de aire es un trasto inútil así que acabas secándote las manos en tus pantalones, por que no piensas gastar otro kleenex para eso! y sales pasando junto ala línea de mujeres que aún están esperando con las piernas cruzadas y en estos momentos eres incapaz de sonreír cortésmente, consciente de que has pasado ahí una eternidad.

Tendrás suerte si no sales arrastrando un trozo de papel higiénico pegado a tu zapato del largo del río Mississippi, o peor aún, con la falta arremangada pillada por tus medias que te subiste a la velocidad de la luz y enseñando el culo! Lo juro, a mi me pasó y no soy la única, me consta!. y sales.

En este momento ves a tu chico que ha entrado, usado y salido del baño de hombres y que tuvo tiempo de sobra para leer Guerra y Paz mientras te esperaba. '¿Por qué tardas tanto?' te pregunta irritado.
"Había mucha cola" te limitas a decir.
Y esta es la razón por la que las mujeres vamos en grupo al baño, por solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra te sujeta la puerta, otra te pasa el kleenex por debajo de la puerta y así es mucho más sencillo y rápido ya que tú solo tienes que concentrarte en mantener "la posición". y la dignidad.
 

Esto esta dedicado a las mujeres de todas partes que han tenido que usar un baño público.

Y finalmente os explica a vosotros, hombres, porqué nosotras tardamos tanto.

 

 

Esperando el autobús

Esperando el autobús

La cola del siguiente autobús era larga, en la parada, los intermitentes anunciaban que el vehículo se iba a poner ya en marcha. El chico llegó corriendo, me llamó la atención su traje, demasiado pequeño para un cuerpo tan grande. Fueron décimas de segundo, me miró durante un instante, igual que yo a él, y entonces retrocedí muchos años, y le ví soplando las velas de una tarta, le ví montando en bici y prestándome balones. Luego le ví meterse en un coche cargado de maletas.Y ya no ví más.

Enseguida le reconocí.Por la expresión de sus ojos, supe que él también. Diecisiete años no son suficientes para cambiar tanto los rasgos.No nos dijimos nada, absolutamente nada. Seguí leyendo mi libro, él subió al autobús y me dirigió una última mirada rápida antes de que el conductor arrancara. Y se fue.

Era mi primo.

La pieza que encaja

La pieza que encaja

Desde que Toni me coge de la mano por las noches y me despierta con su sonrisa,

desde que me viene a ver al trabajo por sorpresa y me regala puzzles,

desde que lo último que escucho antes de dormir es el sonido del móvil anunciándome que tengo un mensaje,

desde que sé que puedo abrazarle sin miedo

desde que me veo reflejada en sus ojos

desde que tengo la certeza de que le quiero

no he vuelto a sentirme insegura.

Por eso me da igual lo que haya ocurrido en un pasado, entierro las hachas de guerra, no me tiembla el pulso cuando escribo el nombre de nadie en mi diario de recuerdos, no siento resentimientos ni rencores hacia Gran Sapo, ni rabia cuando pienso en mi historia inacabada con Zak, ni enfado por un engaño tapado durante diez años, ni frío ni calor cuando Marcos vuelve a hablarme de la misma historia de siempre.

Porque así es como deseé estar. Esto es lo que deseé sentir.

Sólo ver a una persona encharca mi suelo firme...pero sé que fue lo mejor para los dos.

Mentiras de ayer

Mentiras de ayer

Hace muchos años, antes de conocer a Toni, antes incluso de que existiera Gran Sapo, existía Luis. Corría el año 1998. Luis era el típico chaval resultón, dos años mayor que yo, que traía de cabeza a muchas de las chicas que conocía, con mucha labia y chulería. Era un peligro de chico, un ligón empedernido o al menos lo había sido hasta que le conocí, o esa fue mi creencia. En aquella época, Luis era mi novio, y me quería, algo que siempre pensé. Solía recogerme en moto a la puerta de la facultad todos los viernes, casi todas nuestras citas transcurrían entre las cuatro paredes de aquel bareto decrépito, reíamos muchísimo y hacíamos muchas promesas. De esas promesas que se hacen con la vehemencia de los diecinueve años y que es tan difícil cumplir. Recuerdo que yo entonces me enorgullecía de él, de su cara de niño malo, y no me preocupaban los corazones rotos que contaban, había dejado tras él.

Fue una relación de once meses, mi primera relación “seria”, una relación que había comenzado un mes de enero. Enero de 1998.

Durante ese tiempo, todo fue muy bien, hasta que un buen día, Luis me dejó, por las buenas, por teléfono, sin explicaciones, como quien le dice a un televendedor que no le interesa su producto. Diciembre de 1998.No le volví a ver... Hasta hoy.

Unos grandes almacenes, delante de mí un chico carga con un coche teledirigido mientras le dice al niño que le acompaña que tenga paciencia. El chico es Luis. Tras mi sorpresa inicial, me reconoce, me abraza y me levanta en volandas diciéndome lo poco que he cambiado y sorprendiéndose a su vez de la cantidad de tiempo que ha pasado. El resentimiento que le guardé hace tiempo que se evaporó, así que sólo me ha causado sorpresa.

Al preguntarle si el niño es su sobrino, me explica que es su hijo. Y el crío me amplía la información contándome que hoy es su noveno cumpleaños, y el coche es su regalo. Y entonces todo me cuadra. En una décima de segundo, la información pasa a la velocidad de la luz por mi cabeza.

El niño nació hace nueve años, en enero de 1999. Fue fecundado en abril de 1998. Cuando estaba conmigo.

Curiosa manera de enterarse, diez años más tarde, de que tu primera relación, aquella que idealizaste, aquella que parecía perfecta, fue un completo fraude. Y que ya entonces, tenía unos cuernos de los que no he sido consciente hasta hoy.Lo que es la vida...

 

Se acabó lo que se daba

Se acabó lo que se daba

Acabaron las fiestas, y con la inevitable vuelta a la normalidad, me invade una sensación de tranquilidad y de calma, como cuando uno invita a mucha gente a casa y se tira en el sofá una vez se han marchado todos.

Pasaron los Reyes, una de mis fiestas favoritas, pues a pesar del paso de los años, mis padres y mi familia en general los celebramos como si aún hubiera niños en casa. Este año el roscón me ha jugado una mala pasada, pues estoy enferma desde entonces.

Es ahora cuando para mí comienza el año, tras la resaca de estos días se plantean los retos de los casi once meses que vienen por delante, siempre cambiantes, siempre imprevisibles.

Comienzo enero con cambios, alguien que viene, una nueva compañera de trabajo, procedente de la otra punta del país con la que espero congeniar, alguien que se va y me deja triste con su marcha aunque satisfecha por haber podido compartir momentos…

Enero abre la puerta de cada año, una vez más. 

Otro año que comienza

Otro año que comienza

El reloj, que fiel a su cita anual, marca las doce, doce campanadas que dejan atrás una cifra y reciben otra, 365 días con otro nombre…En el minuto uno, las copas chocan entre sí, abrazos y besos. Todo un ritual, y el mío propio, lagrimillas en los ojos, pues durante esos instantes pasa corriendo mi año, con sus momentos malos, que los ha habido, y los buenos, que son los que quiero guardar. El 2007 me trajo a Toni, y el  2008 lo recibió con mi familia.

Menudos nervios los míos, mientras mi padre le ofrecía turrón yo miraba por la ventana esperando que vinieran a buscarnos cuanto antes. Lo paso yo peor que él. Mis abuelos, en un rincón, callados pero sonriendo con sus ojillos y mi madre, por enésima vez, diciéndome que porqué nos íbamos a una fiesta tan lejos. Y lejos fue, puesto que no llegamos hasta las 3 y media. Quizá la noche que uno menos aprovecha. En el mismo lugar donde años antes lloré en Nochevieja, cayeron olvidos, cayeron copas, y entre risas, un enfado.

El día 1, toca hacer balance. Quizá me podía haber quedado en casa.

Y sé que el año que viene estaré diciendo lo mismo…

La Nochebuena se viene...

La Nochebuena se viene...

…la Nochebuena se va…” Un año más, la Nochebuena se ha marchado, dejando atrás una cena de siete personas que invariablemente se reúnen en torno a la misma mesa a comer el mismo plato. No somos familia de grandes cambios, y mis abuelos, ya mayores, apenas reparan en este día, salvo por la presencia de un nuevo mantel en la mesa y la ausencia de sus habituales sopas de leche. No pido más, sólo que mientras sea posible pueda seguir celebrándolo con ellos. Y este año, ha estado a punto de no ser así. Hace unos días, mi abuela amaneció con mucha fiebre y fue ingresada en un hospital. Por suerte, fue un susto, y no faltó a la tradicional cena.Como casi cada año, mi padre contó las mismas anécdotas y mi abuelo sus mil historias de la guerra, mi madre supervisó los preparativos, y mi hermano y yo nos atrincherábamos en una habitación para evitar broncas de última hora por no haber llevado tal o cual cosa.El día de Navidad lo recibí de madrugada llorando en un coche junto a Pete, lágrimas agridulces producidas por el inmenso cariño que me demuestra día a día a pesar de que nuestros lazos se hayan roto. el día de Navidad terminó con una fotografía que recoge la ilusión de mi niño Toni al recibir su regalo.No me han faltado las personas que quería ¿puedo pedir más?Espero que hayais pasado unas felices fiestas. Ahora, el 2008, a la vuelta de la esquina nos traerá nuevas historias.

Volver a nacer

Volver a nacer

Las fotos estaban colgadas en su espacio de Internet, la mayoría son de años pasados, las que yo quería no las encuentro, las de este año. Tras un repaso por la galería,  mi humor cambia, se oscurece. Desde las fotografías me sonríen rostros de los que todo lo sé, pero a los que apenas reconozco ya. Ahí encuentro a Pete y a Marcos, en nuestras vacaciones de la playa, atrás quedaron esos días, atrás las noches de concierto, las de cervezas…

No vale la pena ponerse triste, los tiempos pasados no fueron mejores, como dice Manrique, simplemente fueron diferentes. Aunque en ocasiones se nota el vacío.

Selecciono algunas de las fotos y las guardo en un archivo donde he ido guardando estos días recuerdos de mi vida. Lo sucedido a Héctor me hizo buscar como una loca en los cajones jirones de aquellos años. Las fotos que he guardado, engordan el archivo en el que ya están guardadas las que encontré de mi casi hermano.

Durante estos días, en mi casa no se ha hablado de otra cosa, las noticias llegan con cuentagotas, y mis padres han pensado en emprender viaje antes de Navidad. Llevamos dos días sin saber nada.

Como si un ente me leyera el pensamiento, mientras miro al pequeño Héctor de diez años cogiéndome la mano en una foto, suena el teléfono y se me encoge el corazón cuando desde el salón escucho a mi madre llorar.

Al mirarla, veo alegría en su rostro. Héctor vivirá. Ha ganado la batalla.Es entonces cuando la tarde gris se vuelve naranja. Nuestro milagro de Navidad 

Dos años han pasado

Dos años han pasado

Un fondo azul celeste, un texto color grana junto a letras rosas, fuertes, al contrario que mi estado aquellos días, débil, marchito…, unas fotos elegidas al azar y un bebé sonriente y risueño que buscaba transmitirme lo que a mí me faltaba, el regocijo. A continuación, un nombre, mi particular manera de denominarme “pequeña flor”, de manera liberal, casi inventada, una “fiore” diminuta, sin pétalos.

Luego vinieron los escritos, pequeños llantos que no salían de mis ojos, sino de mis manos, espejo de mi alma, pequeñas letras para sentimientos grandes. Después, todo cobró vida, pues llegó lo más importante: vosotros.

Firmas y comentarios anónimos que dejé de considerar como tal, puesto que tras cada uno, hay un nombre, una opinión, un lector, una vida. Abrazos que me han llegado a través de la pantalla y besos que he sentido dados.

Ánimos que me han hecho esbozar una sonrisa.

Todo este conjunto, es lo que da carácter a esta página, que hoy, cumple dos años.

Poco queda de lo que era mi vida en aquel momento, diferentes trabajos, diferentes amigos, unos que llegaron, otros que quedaron por el camino, amores perdidos y vueltos a encontrar. Muchos cambios, algunos que no recordaba y he rescatado de los archivos.

Cuando escribí las primeras líneas, era una flor a la que le faltaba el sol, pues se había secado. Hoy Fiore ha crecido en su maceta y se encuentra saludable. No le falta quien le riegue. Muchas gracias a todos por hacerme un huequito de vuestro tiempo para leer mi puzzle de historias.

Días grises

Suele contar mi padre siempre que cuando yo nací, Héctor iba por los pasillos del hospital contando a todo el mundo que iba a tener una hermanita. A sus dos años, encantó a los médicos, asegurándoles que iba a cuidar de mí, porque él era mayor, y así fue durante una gran parte de mi niñez. Realmente, cuando pienso en mi infancia, aparece Héctor en casi todos mis recuerdos. Era hijo único, su madre sabía que siempre lo sería, pues no podría darle hermanos, los médicos habían sido claros. Por ello volcó en mí, la hija de sus vecinos, su cariño fraternal. Amigos desde siempre, nuestros padres planeaban vacaciones conjuntas, excursiones, y fiestas navideñas. Pues efectivamente, llegamos a ser casi una misma familia.

Vivíamos puerta con puerta, íbamos al mismo colegio, jugábamos en el mismo barrio y discutíamos casi a menudo, cosas de niños, ya se sabe. Yo me reía cuando Héctor aseguraba a todo el mundo que se casaría conmigo porque sólo él me aguantaría.

El día que tuve mi primera borrachera, me cubrió frente a mis padres durante horas, y cuando más tarde empezó a salir con chicas, me las presentaba como cuñaditas.

Hace unos años Héctor se marchó fuera a estudiar. El contacto diario con el tiempo pasó a convertirse en eventual, mensajes felicitándonos cumpleaños y navidades, y charlas aisladas.

Sus padres se mudaron, y toda relación se interrumpió, pues cada uno siguió con su vida.

Hoy, a bastantes kilómetros de aquí, Héctor lucha contra el tiempo, conectado a una absurda máquina cuyo pitido, aunque lento, aún se escucha.

Hoy, algo se debilita también en mi interior…

Del Támesis a Picadilly

Del Támesis a Picadilly

Tras años de intentos frustrados, de folletos vacacionales que acababan guardados en un cajón, de palabras que no llegaban a nada, por fín he viajado con Toni. Unos días de descanso en pleno noviembre que no han venido sino a confirmar lo que ya intuía, que no somos los mismos de antaño, que los días turbios son ahora los que están en el cajón y que parece como si nos hubiéramos conocido en el mes de junio, y no aquella lejana noche de 2002.

Ha sido la escapada que necesitaba. Y la que con más cariño recordaré desde el mismo momento que subí al avión y me agarró la mano consciente de mi miedo a volar. A pesar del caos con las maletas y el equipaje dañado, de la intensa niebla al llegar al destino, de mis pequeños enfados por las gestiones del hotel y su extrema parsimonia, prefiero quedarme con los abrazos en el ascensor, las sonrisas nada más despertar y su cara junto a mí antes de dormir, el peluche de regalo en la juguetería más grande y las carreras bajo la poco agradable lluvia londinense, los paseos por el Támesis y las fotos desde el barco con la cúpula de San Paul de fondo.

Londres, una ciudad inabarcable y llena de contrastes. Grandes parques llenos de estatuas, majestuosas catedrales que sobresalen junto a edificios más modernos, plazas en las que la vida no acaba y un gran río. No olvidaré nunca la sincera conversación que sostuvimos, cuyo testigo, un imponente Big Ben iluminado, me devolvió la luz y la ilusión.  

Matices sobre mí, y un breve good bye

Os dejo este meme que me ha pasado mi compañera de profesión y gemela física Elena, y aprovecho para despedirme unos días de vosotros. Me voy de vacaciones…a la vuelta os cuento

1.Edad

28 años, y sigo siendo niña

2.Día de la semana

Sábado, por supuesto, tengo todo el día para mí, aunque últimamente me empiezan a gustar los domingos por la tarde, no soy masoca…

3.Mes

Junio, aparte de ser el mes de mi cumpleaños, pienso que tiene una luz especial y con todo el verano por delante ¿qué más se puede pedir?

4.Algo que no soportes de una persona
La falsedad y la hipocresía, las malas artes, el engaño.

5.Si quieres ligarte a alguien ¿Cómo lo haces?

Uff, soy súper tímida para ligar, me cuesta tomar la iniciativa pero si alguien me interesa me deshago en simpatías y sonrisas, a veces parezco boba.
6.¿Te gusta conducir?

Sí, pero sólo si me sé el camino, de lo contrario me da miedín.

7.Algo que eches de menos

El impulso que tenía hace unos años. La complicidad con algunos amigos.

8.Tres cosas que te gustan de ti

- Me vuelco en tener detalles con las personas a las que quiero

- Sé escuchar

- Pienso que soy divertida, excepto cuando me convierto en Lady Drama

9.Tres cosas que no te gustan de ti

-  Soy una ilusa, muy inocente. No veo la piedra hasta que no estoy en el suelo.

- Soy bastante llorona, cuando una cosa me irrita, me duele o me decepciona, enseguida se me humedecen los ojos.

- Soy extremadamente aprensiva e hipocondriaca, y a veces el miedo me supera

10.Tres cosas que te den miedo

- El futuro, pienso en si llegaré a verlo

- La enfermedad

- Los cambios

11.Tres cosas que lleves puestas ahora

- Un jersey rosa

- Un colgante que me regaló Toni y que me acompaña casi siempre

- Unos pantalones de vestir marrones

12.Tres cosas sin las que podrías vivir cada día

¿Sin las que podría vivir? o ¿sin las que no podría vivir? En el primer caso, podría vivir sin coche, sin microondas y sin…cortinas,jajaj. Y en el segundo caso, no podría vivir sin gente a la que querer. No podría superar la soledad

13.Tres de tus cantantes o grupos preferidos ahora.

Mmm, a ver…nunca he sido de cantantes o grupos definidos, según el momento me gustan más unos u otros, pero si tengo que decir alguno, nombro a Quique González, la Quinta Estación y Fito

14.Tres canciones favoritas en este momento.

- Papeles mojados, de Chambao

- Sueños rotos, de la Quinta Estación

- Si tú quisieras, de Efecto Mariposa

15.Tres cosas que quieras en una relación

- Amor

- Respeto

- Confianza y afinidad

16.Dos verdades y una mentira

- Me encanta la organización de eventos, planes, viajes y fiestas y tomar la iniciativa sin resultar mandona

- Un plan apetecible para mí cada día másm consiste en cena, cine y copa (método CCC)

- Me gustan los deportes de riesgo, y lo próximo que haré será puenting

17.Tres cosas que te atraigan del sexo opuesto

- Un cierto aire de chulería y de niño malo (ojo, capullos y cabrones no, pícaros en todo caso)

- Personalidad e iniciativa

- Capacidad de escucharme, comprenderme y hacerme reir

18.Tres cosas que no puedes hacer

- Respirar bien cuando corro, cada vez que hago deporte acabo coloradota y asfixiada

- El pino contra la pared

- Quedarme callada cuando sé que tengo razón

19.Tres de tus hobbies favoritos

- Leer un buen libro

- Tomarme unas cañitas sin prisa y con grata compañía.

- Pasear y perderme un rato

20.Tres cosas que estás deseando hacer ahora

- Abrazar a Toni

- Salir de la oficina.

- Llegar a casa y preparar la maleta 21.Tres sitios dónde te gustaría ir de vacaciones
Escocia, Chile, Canadá

22.Tres cosas que te gustaría hacer antes de morir

- Comprarme la casa de mis sueños

- Tener una familia

- En definitiva, llevar una vida feliz

23.Tres cosas que te hacen llorar

- Los comentarios hirientes

- Las desigualdades en el tercer mundo respecto a nosotros

- La violencia doméstica y a menores

24.Tres cosas que te hacen sonreír

- Mi hermano intentando tocar la guitarra

- Toni mirándome

- Las fotos de mi corcho
25.Tres cosas que te hacen reír a carcajadas

- Gomaespuma

- Mi hermano intentando tocar la guitarra de nuevo, o diciendo bobadas en la comida

- La felicidad Se lo paso a Rayan, Cora, Alba,  Luna y Etiam, como regalito.

Hace frío junto al río

Hace frío junto al río

Fin de semana de escapada. La capital me escuece muchas veces y necesito salir de vez en cuando. El frío intenso de la madrugada cada vez hace más mella en mí, que me pregunto porqué no soy la misma de antes, la que tenía capacidad de aguante, la que reía más y la que veía las cosas más positivas.

Aunque las cosas van bien, parece que siempre me acompaña un halo de melancolía donde quiera que vaya, tengo miedo de que mi alma de rompa como un vaso de cristal que se estrella contra el suelo, de que mi mundo en equilibrio se precipite por algún lado de la balanza.

Caminando por las estrechas calles del centro a paso lento, me detuve a contemplar la catedral iluminada, la quietud, la noche y el frío le daban un aire de novela. Y me acordé de la escapada que nunca hice con una persona en la que creía. Porque yo estaba allí, como dije, y él no.

El taxi me dejó cerca de la casa y retrasé mi llegada. A pesar de los pinchazos que amenazaban con romper mi cabeza, me fumé un cigarro junto al río. La ciudad estaba muerta, contrastando con el ambiente que dejé en el bar. Me gusta regalarme pequeños momentos como ese, contemplando un paisaje que nunca había visto, y me acordé de unas palabras dichas hace tiempo. Cuando aún creía en él. Quizá ya no quede nada de eso, o quizá sí. Sólo es un quizá y no una certeza, pero la persona en la que yo creía no se dedicaba a hacer daño de manera gratuita a aquellos que le quieren, y que quizá con esto, dejen de quererle.

Noviembre dulce

Noviembre dulce

Los meses vuelan y sin casi pestañear hemos avanzado noviembre entre días soleados poco frecuentes por estas fechas. Mi organismo parece recuperado de los ataques de la semana pasada, por suerte la mañana del sábado tenía un aspecto bastante presentable, de no ser así dudo que hubiera podido ir a casa de Toni. Sus padres me habían invitado a comer, y los nervios y la inflamación fueron mi única compañía los días anteriores. A final, todo salió bien. Me acogieron amablemente y me sentí bienvenida. Pasé allí el día, hojeando libros y revisando viejos álbumes de fotos. Y volvimos a sacar del cajón marcos escondidos tras años de separación, y en el corcho volví a estar yo y se volvió a escuchar mi música.

La noche se nos fue entre chupitos multicolores y dulces, y bailes revueltos entre las cuatro paredes del estrecho bar del centro, en el que el pasado se reconcilió con el presente. En una noche en la que otra persona que fue causante de mil disgustos casi en otra vida, dejó de ser amarga ya hace mucho y ahora es amiga.

Ahora los días pasan esperando el frío, tengo ganas de ponerme gorros y guantes, y sentarme en una cafetería a tomar una bebida caliente. Los días pasan entre planos, folletos y reservas de billetes, escapadas de fin de semana, confidencias y mucho corazón.

Este es el noviembre que quiero.

Teléeefono, mi caaasaaaaa

Teléeefono, mi caaasaaaaa

Estoy hecha una piltrafilla, si alguien me viera, pensaría que aún no me he quitado el disfraz de Halloween, pues las casualidades han hecho que se me juntaran varios sucesos paranormales que han modificado mi cuerpo.

Un molesto virus ha acampado a sus anchas en mi interior y sus efectos me han producido una congestión en nariz y ojos impresionante. Sin embargo, otros dos hechos acompañan a tan incómoda sensación.

Ayer un latido incesante en un dedo provocado por una picadura, me llevó al médico, que diagnosticó una reacción alérgica al veneno del bicho en cuestión, tengo el dedo tan hinchado que ET a mi lado, no es más que un aficionado.

¡Y no acaba ahí la cosa!, me compré unos pendientes con una tuerca tan chiquitita que ha terminado por clavárseme en el lóbulo, lo que conlleva tener que abrir…y que ha provocado que ¡adivinad! tenga la orejilla inflamada y coloradota, acentuada con el frío.

¡Con lo divina y linda que soy!, he puesto el cartel de “No se admiten visitas hasta nuevo aviso”

Aquellas noches de terror

Aquellas noches de terror

Sé que es uno de los legados de Estados Unidos, pero a mí, desde siempre la noche de Halloween me atrae, quizá sea por la cantidad de leyendas que vienen asociadas o porque soy una admiradora de lo gótico, el caso es que no me disgusta. Otros años, especialmente cuando estaba con Gran Sapo, preparábamos disfraces y colgábamos telarañas de pega en casa de una chica que vivía en el lugar idóneo para ello, puesto que se trataba de una vieja masía que había pertenecido a sus abuelos, y que estaba llena de rincones al más puro estilo de “El Orfanato”, nos embadurnábamos la cara de potingues a cual más asqueroso, y yo, invariablemente, acababa sugestionada y muertita de miedo. Contábamos historias iluminándonos con velas, pero al final el que más me asustaba era el propio Gran Sapo, cuya cabecita estaba continuamente en ebullición y muchas veces me hacía pensar que realmente era capaz de acabar actuando como el personaje del que se había disfrazado.

Siempre que recuerdo esas historias o me acuerdo de él, invariablemente le recuerdo caracterizado y con los ojos muy muy abiertos…tanto que asustaban.

Hace ya tres años que no hemos vuelto a la masía, muchos miedos se quedaron allí, encerrados entre esas cuatro paredes, y mejor que allí permanezcan.

Ya no me disfrazo, pero me gusta ver a la gente que sí lo hace. Toni no quería ir a una fiesta sino tomar algo tranquilamente, y estuve de acuerdo. Vimos a muchas brujas, dráculas, vampiros y momias, pero ninguno me ha vuelto a dar tanto miedo como la última vez que vi a Gran Sapo disfrazado, ensangrentado y con cara de loco…Toni es tan diferente, tan pacífico y bueno, que ni aunque se disfrazara del mismo demonio me podría dar miedo.Por primera vez en mucho tiempo, me siento protegida.  

Ganarse el pan

Ganarse el pan

De repente me vuelvo a plantear mi futuro laboral. Hace ya más de un año que los apuntes de la oposición están acumulando polvo en una estantería de mi habitación, las fuerzas me faltan, las tardes me piden otros quehaceres que no son estudiar, y el tiempo que tengo libre sólo quiero pasarlo con Toni y mis amigos después de haber empleado más de cuatro inviernos en presentarme a unas pruebas que dejaron mi ánimo minado y mis ganas a cero.

Pero ha sido la visión fugaz de un papel olvidado encima de la mesa la que me ha mostrado la injusticia de mi situación actual.

Desde hace meses levanto el departamento prácticamente sola, agobiada por tareas cada vez más grandes que los jefes consideran que puedo hacer. Al principio, me decía a mí misma, lo creí un honor, responsabilidades impuestas porque confían en mí, con el tiempo, los papeles crecen en mi mesa y mi sueldo sigue intacto. ¿Y por qué ahora? por dos motivos.

El primero es que mientras mi compañero es como un elemento ornamental del despacho, su nómina tiene bastantes más ceros que la mía, hecho que descubrí con total estupefacción ayer. Y la impotencia me volvió pequeña e insignificante. Como pequeña me sentí cuando descubrí un mínimo error en un lote de libros que salieron a imprenta con un fallo que olvidé revisar.

Pequeña, estúpida y desbordada por lágrimas que vinieron a sacar a la luz la sobrecarga de trabajo impuesta.

Lo más triste de todo es que nadie hará nada, y mientras tanto mi compañero, podrá exhibir su sonrisa burlona de medio lado cuando los nervios me vencen

Recuperando amistades

Recuperando amistades

Hace casi seis meses pasé unos días difíciles. Cada día estaba menos segura de querer seguir con Pete, y más de que mi corazón le pertenecía a Toni. La ruptura con Pete supuso también un gran distanciamiento con mi amigo del alma, Marcos. No tomó muy bien la decisión de que sus dos mejores amigos pusieran fin a su historia y se alejó algo más de mí, aun sin culparme, dice que le decepcioné. No comparto su opinión, pero me apena.

Los tres formábamos un gran equipo, antes de que Pete y yo dejáramos nuestra amistad a un lado para empezar a salir. Ese fue mi error. Como amigos éramos geniales, como pareja, un espanto.

Añoro los tiempos en los que no existía ningún conflicto sentimental entre nosotros tres, planificábamos escapadas, íbamos de vacaciones juntos, reíamos y llorábamos nuestros fracasos. Yo era la niña, y ellos mis ángeles guardianes. Hace seis meses, terminó una era.

Las llamadas se redujeron, y aunque la confianza sigue intacta, me siento cohibida cuando estoy con ellos.

De vez en cuando nos vemos, por no perder esa unión, por recuperar lo que un día fuimos.

Este fin de semana, me reuní con ellos. Allí estábamos los tres como antaño. Mirar a Pete aún me produce pinchazos de culpabilidad en el estómago, pero a pesar de lo ocurrido, mis ojos no esconden el reflejo del cariño que siempre profesé hacia él. Cariño, que no amor.

Y al hablar con Marcos, me doy cuenta de lo muchísimo que le echo de menos, de que su voz ya no me habla todas las noches al otro lado del teléfono.

Y aunque hoy en día, amor no me falta, pues estoy feliz, no pude evitar que se me hiciera un nudo en la garganta cuando nos abrazamos al despedirnos.

Sólo necesitamos paciencia. Sé que estarán de nuevo. Aunque nada será como antes. Es inevitable, no se puede tener todo

La novia alada

La novia alada

Ella llegó a mitad de curso procedente del otro lado del océano y la sentaron a mi lado, puesto que mi compañera había decidido cambiar de clase. Lo primero que me impresionaron de ella fueron sus grandes ojos, después vino su acento sureño y tardes más adelantes sus miles de escritos, sus miles de historias, su percepción opuesta del mundo, su tranquilidad…Ella ponía paz a mi vida de guerra, y esperaba en su casa sentada frente a sus cuadros y sus bocetos a que yo entrara acelerada a narrarle los acontecimientos cada fin de semana. Vivía en una jaula de cristal, y contemplaba el mundo a través de mí. Apenas salía. Su mirada tranquila, me daba calma. A lo largo de los años me fui dando cuenta de que su vida iba escribiéndose según lo que ella había ido planificando.                   

Ella se casó este fin de semana, a la edad que me dijo que lo haría, con la persona que eligió a los catorce aún sin saberlo ella entonces, en la misma iglesia que pintó para mí en un cumpleaños, y con el vestido que habíamos dibujado y diseñado las tardes de los domingos en su casa cuando aún nuestras paredes se reducían al colegio de las monjas.

Y yo, testigo de mi primera boda, lloré como una magdalena, porque la ví feliz, porque siempre será para mí la niña de cuento, y espero que su vida sea como tal.Y apretando la mano de Toni,sonreí satisfecha mientras blanca y sonriente ella caminaba hacia el altar.