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The World of Pikifiore

Rumbo a...

Rumbo a...

Sin haber terminado de aterrizar aún y adaptarme de nuevo a la rutina, vuelvo a despegar. Esta vez no es de manera figurada, sino real. El domingo cojo un avión rumbo al país de los valses, a pasear por el Danubio y visitar el lugar donde Mozart vió la luz, a ver los Alpes…en definitiva, a conocer un poquito más mundo.

 Así que, me vuelvo a despedir hasta la semana próxima. Muchos besos a todos

Shhh...siete secretos

Shhh...siete secretos

Tras mis primeras vacaciones (las segundas están por llegar en breve), recojo el testigo que en su momento me pasó Estrella, así que trataré de hurgar un poquillo en mi interior y contaros algún secretillo. Alguno no es un secreto propiamente dicho, pero tampoco es algo que vaya contando a gritos por ahí.

A ver…mis siete secretos:

1. Este blog mismamente. Nadie de mi entorno conoce su existencia, aunque en algunas ocasiones he estado a punto de contárselo a alguien de quien no hable demasiado.

2. Tengo muy pocos secretos propios, pero soy depositaria de los secretos de los demás, algo que en muchos momentos llega a agobiarme. Sé cosas de las personas más cercanas que nadie más sabe y que he jurado no contar. Pueden contarme lo que sea siempre y cuando no se trate de algo que afecte de manera negativa a otra persona querida, de ese modo me pondrían en un compromiso

3. Soy terriblemente hipocondríaca, hasta el punto de llegar a creerme enferma notando todos los síntomas. A veces me entra un miedo irracional al mundo en general y me paso días llorando como una magdalena y con la cama como único lugar seguro.

4. A pesar de haber estudiado en un colegio de monjas, me estoy empezando a plantear muchas de las cosas que en su momento eran acogidas como verdades impepinables y que aceptábamos a pies juntillas. A día de hoy a veces me cuesta recordar la letra de las oraciones que repetíamos mañana tras mañana hasta la saciedad.

Sin embargo, muchas veces siento el deseo irrefrenable de entrar en una iglesia y rezar, y quedarme en calma.

5. Tuve una historia loca con un chico al que todos consideraban prácticamente un delincuente en potencia y al que sólo yo veía su lado “bueno”, digamos. Lo que de manera oficial, fue algo pasajero que no llegaba al año, se extendió realmente en el tiempo durante tres, pero nunca lo dije porque todos me trataban de masoca.

6. Tiendo a hacer una montaña de un grano de arena, de tal manera que a veces me desbordo y acabo agobiadísima y con una ansiedad que nadie comprende puesto que no les he contado cual es el origen del “drama”. A veces,cosas tan tontas que yo misma me sorprendo con el tiempo.

7. Me gustaría poder soltar mi lengua desde hace unos días. Algo planea sobre mi cabeza y me cuesta dormir bien, pero me lo estoy tragando yo solita. Sé, que como otras veces, esto también se irá.

Y esto es todo, cedo el testigo a quien lo quiera recoger. ¡Animaos alguno! 

Regresando

Regresando

Esta mañana el despertador ha roto el silencio a las seis de la madrugada, cuando aún no se movía un alma en los alrededores de mi casa. De vuelta a coger el coche por la urbanización desierta, vuelta a coger el autobús en el que todos duermen, vuelta al metro, con sus múltiples cortes y llegar a la oficina cuando aún no hay actividad.Se acabaron las madrugadas interminables, los paseos por la playa, las olas, la tranquilidad de no llevar reloj…regreso a mi vida.

Punto y aparte

Punto y aparte

Acabo de releer el último post y sólo siento un gran vacío, ganas de que no hubiera ocurrido, y por otra parte alegría por haberle vuelto a ver. Llevo varios días en que no dejo de darle vueltas a lo sucedido, pero todo el mundo coincide en que debo OLVIDARLO, sin embargo ahora de nuevo tengo que empezar el camino para ese proceso desde el principio...

Quería dejar este último post a modo de despedida temporal. Por fin han llegado las esperadas vacaciones y durante veinte días colgaré mis obligaciones y buscaré un poco de sol y tranquilidad en la costa. Espero que me vengan bien estos días de desconexión para aclararme y para poner en órden una vida que ya empezaba a estarlo.

Quizá no pueda escribir con la asiduidad acostumbrada, pero si saco un tiempo puede que me cuele en vuestros rinconcitos por un ratito para ver qué se cuece por ahí.

¡Nos vemos el 28!

 

Asomaba a tus ojos una lágrima...

Asomaba a tus ojos una lágrima...

Han pasado siete meses desde que nos despedimos en la puerta de aquella cafetería. Cuando me diste la peor noticia que podías darme y cerraste de un portazo mis ilusiones de una vida contigo. Siete meses desde que recorrí bajo la lluvia el camino que me separaba de casa jurándome que no iba a girar la cabeza, que quería conservar otra imagen tuya que no fuera la de aquel chico que me miraba con melancolía desde lo lejos sabiendo el daño que me habían causado sus palabras aquella tarde.

Han pasado dos días, y la escena se ha repetido, pero esta vez era yo la que te veía alejarte con la cabeza baja mientras contemplaba cómo te marchabas, y tampoco tú te paraste a mirar atrás.

Desde aquella primera vez te esperé durante las horas siguientes, algo me decía que debía ser un error, una broma, una prueba y no regresaste. Te esperé durante días, y no llamaste. Pasó un mes, y te olvidaste dónde estaba mi casa, y te olvidaste de mis abrazos y de mis besos. Y yo te esperaba. Pasó el tiempo y dejé de esperarte, y poco a poco empecé a guardar tus fotos y a borrar tus mensajes, y cada vez que lo hacía me dolía un poquito el corazón pero me desprendía de mil pesos. Y me quedé con tu recuerdo limpio.

Y hace poco empecé a ver todo de nuevo con optimismo, y me encontré con alguien que quiere estar a mi lado, y que me espera.

Y entonces has vuelto, y has tirado de golpe todo lo que había edificado. No puedes aparecer de repente y pedirme perdón, es demasiado tarde. Tus lágrimas llegan en el peor momento. No puedes pedirme que lo deje todo y me vaya contigo, que podemos tener una segunda oportunidad.

No puedes pedirme todo eso porque lo haría…y te diría que sí con los ojos cerrados, pero no puedo. No ahora. ¿porqué ahora?

Negarme a todo eso ha la prueba más difícil con la que me he encontrado últimamente. Mi cabeza me dice que he hecho lo correcto, pero ¿porqué me duele tanto aquí dentro? 

Una vez...

Una vez...

Una vez, hace tiempo, me sentí tan feliz que creí que debía dejar un poco de felicidad para los demás.Una vez, hace tiempo, sentí que si seguía mirándole me quemaría las pupilas con la luz que desprendían sus ojos.Una vez, hace tiempo, pensé que me iba a doler eternamente la cara de tanto sonreir.

Una vez, hace tiempo, quise que no llegara nunca la noche para no cerrar los ojos y dejar de verle mientras dormía.

Una vez, hace tiempo, me caí desde tan alto que pensé al llegar al suelo moriría por el golpe.

Una vez, hace tiempo, lloré tanto que me dió miedo quedarme sin lágrimas para siempre.

Una vez, hace tiempo, estaba convencida de que me hacían falta más de cien vidas para olvidarle.

Y hoy me he acordado de él una vez más, aunque ya no escriba posts sobre él, aunque prácticamente ni le mencione, aunque ya no maldiga cada noche el momento en que el destino nos separó, aunque prometí que seguiría adelante con mi vida…hoy me he acordado de él.Porque hoy vuelve. ¿Y realmente hace tiempo?…qué lejos queda diciembre.

Otro mes que se va

Otro mes que se va

Los días vuelan, y así, casi sin darme cuenta ha pasado el mes de julio, como un suspiro, treinta días corriendo en el calendario como si hubiera mucha prisa por llegar corriendo a agosto. Entre cañitas y sesiones nocturnas de cine, entre mañanas de trabajo y tardes de piscina, entre revisiones de coche y combinaciones de autobuses para unir dos lugares bastante alejados, entre planificaciones de escapadas y la búsqueda de nuevas actividades se me ha escapado el mes.

Mientras Toni se acostumbra a su nuevo trabajo, dos chicas andaluzas han ocupado su despacho. Y el alejamiento marcado por su traslado no ha sido posible, debido a las salidas nocturnas y las frecuentes coincidencias en los bares de la zona. Circunstancias propias de veranear en el mismo pueblo.

Mientras Marcos viaja a Europa y me manda postales cada vez más espaciadas, Pete empieza a conocer a mis amigos y se va integrando en mi ambiente. Y yo me levanto cada día con una sensación de tranquilidad mayor.

Y es que mi ansiedad se apacigua con su calma, y mi inquietud se mitiga con su tranquilidad y su firmeza.

En este mes he borrado mensajes que creí que jamás borraría, y he empezado de nuevo a jugar al tenis contra personas que ya no eran la misma de siempre, he llorado poco, he reído mucho y he ampliado horizontes.

Y hoy empieza un nuevo mes, y dentro de poco las ansiadas vacaciones.

Ahora...te sientas en el otro extremo de la mesa

Ahora...te sientas en el otro extremo de la mesa

Echo de menos…tus guiños de ojos, tu mirada sonriente para decirme que estás a gusto, o tus mohines disgustados cuando empiezas a cansarte.

Echo de menos esas canciones del sur que escuchamos a todo volumen mientras cruzamos Madrid en el coche.

Echo de menos cogerte la mano y reírme contigo, y las veladas que no se terminan porque uno de los dos acaba pidiendo otra cerveza, y las películas llorando de la risa porque hacemos un doblaje alternativo.

Echo de menos las comidas en tu casa, o en mi casa, y las mañanas de domingo tirados en el sofá comentando la noche anterior.

Echo de menos contarte cosas, confiarte mis secretos, escuchar tus consejos o dártelos yo.

Echo de menos pasear al perro y acabar sentados en la acera porque algo gracioso nos ha sucedido, y los mensajes, y las sesiones de cine, y recogerte a la salida del trabajo.

Echo de menos convencerte con pocas palabras de que cruces Madrid para venir conmigo a una fiesta, equivocarnos de camino y contar chistes malos hasta que ya no podemos parar de reírnos.

A pesar de que te veo casi cada día…lo echo de menos.

Porque te alejas, porque ahora prefieres las colonias de Chanel, las tertulias en terracitas de élite, las conversaciones banales y los shorts rojos.

La coctelera agitando...

La coctelera agitando...

El día amanece despejado, demasiado. El coche a pleno sol hierve y me quemo las manos con el volante. Compruebo que me he dejado las gafas de sol en casa cuando ya es demasiado tarde para volver, así que conduzco todo el camino con el sol dándome en la cara intentando no comerme los demás coches. El copiloto va empanado y le echo la bronca porque me tiene que indicar el camino, ya que mi desconocimiento de las carreteras es total.

Una ojeada al medidor del depósito de gasolina me indica que estoy casi en reserva y me pongo de los nervios. Mi hermano me deja el coche tiritando cada vez que lo usa. Y el desvío a una estación de servicio parece no aparecer nunca…Hasta que aparece, por fín.

Una hora más de recorrido por las circunvalaciones, y mientras tanto la música infumable a la que me somete Pete.

Por fin llegamos. Por suerte puedo aparcar el coche en batería aunque entra justito…

Una cola enorme y una temperatura de unos 37 grados, casi nada. Y miro lo que me espera, y me pregunto cómo me he dejado convencer con lo miedosa que soy yo para esto, con lo poco que me van a mi las emociones fuertes.

Subidas, bajadas, giros, vueltas…y se me revuelve el estómago.

Cinco horas y catorce colas más tarde, Fiore, empapada, mareada, con dolor de cabeza, con los hombros achicharrados sin gorra y con la mochila rota, se promete que tiene que pasar mucho tiempo hasta que vuelva a la Warner. Y se arrepiente de no haberse quedado en el sofá leyendo.

Brilla el sol

Brilla el sol

Ahora que echo la vista atrás, veo que este invierno pasado me ha dejado momentos inolvidables, han sido unos meses duros, de muchos temores, de muchas dudas y de muchas decepciones, pero ayer, mientras estaba tumbada en el césped de la piscina oyendo música, pensaba que todo sucede por una causa, y que si no hubiera sido por todas esas dificultades, no estaría yo ahora sonriendo como una boba y con muchas ganas de comerme el mundo, porque voy recuperando la confianza. Empiezo a ver las cosas de otro color, y las ideas tan firmes de hace un tiempo, ahora se tambalean. Todos podemos cambiar de opinión. Nunca pensé que me costara tan poco hacerlo. Y creo que no me he equivocado, aunque quizá aún es pronto para saberlo.

De momento, sólo tengo ganas de reirme. Que el tiempo del frío ha pasado

En el laberinto...

En el laberinto...

"Tras increíbles peligros e innumerables fatigas,

me he abierto camino hasta el castillo más allá de la ciudad de los goblins

para recuperar el niño que me has robado.

Porque mi voluntad es tan fuerte como la tuya y mi reino igual de grande...

...NO TIENES PODER SOBRE MÍ" 

Dentro del laberinto (1986), Jim Henson

Ayer, mientras una asombrosa tormenta descargaba en la sierra, pasé la tarde aovillada en un sofá viendo, una vez más, un clasicazo de mi infancia. Quizá sea esta una de las primeras películas con las que mi hermano y yo, estrenamos aquel flamante VHS que mi tía había traído de uno de sus viajes. Mi padre nos cogió esta película en el videoclub porque mi hermano era un apasionado de los duendes, y de mayor quería dedicarse a “manejar marionetas”, como él decía. Nada más lejos…

Aquella versión estaba trilladísima y la pantalla no se veía bien del todo, la música estaba distorsionada y los colores eran malos…aún así, la historia de la jovencita que se ve obligada a ir en busca de su hermano a un mundo de leyenda terminó por engancharme, así que por extensión, también me hice fan de David Bowie. Me encantaba llegar a la escena del baile de máscaras y pensar que pudiera tener otro final…una, que siempre le sale la vena romántica incluso en las pelis fantásticas.

Cada poco tiempo alquilábamos la película, y mi hermano inventaba chascarrillos adaptándose a los diálogos mientras yo me partía de risa.Dice mi madre que durante un periodo de tiempo sólo recuerda pasar por el salón, y en la pantalla todo el rato “los bichejos esos” o el “enano corriendo con el bebé”…

Así que ayer, me salió la vena friki, y recuperé aquella cinta, y recuperé esos momentos. 

Bifurcación

Bifurcación

Soy consciente de que ahora ya o será lo mismo, y también soy consciente de que esto es lo mejor que podía pasar para seguir haciendo mi vida y que el pasado no me golpee en la cara cada vez que salgo a tomar un café.

Toni y yo ya no trabajamos juntos. Un puesto mejor en otro lugar han sido las causas de nuestra separación, esta vez laboral.

Cuando me lo contó, al igual que en estos meses, mis reacciones fueron contradictorias, con su marcha, las posibilidades de un acercamiento se reducen. Ambos sabemos que “fuera” la relación va a ser casual, que sólo cuando coincidamos por la calle o en el parque, o en algún bar volveremos a hablar, así que ahora todo está en manos de la casualidad. Casualidad que durante estos meses de verano es más que probable porque pasamos el verano cerca, pero que se reducirá con la llegada de septiembre.

Sin embargo, me siento bien, es como si me hubiera quitado un peso de encima. Ante mí ahora se abren otros caminos, y otras ilusiones y sólo dejando a Toni por el camino podré dejar de pensar en él, como ya lo había hecho antes.

Hoy sin embargo, me he detenido un momento en el umbral del que fue su despacho, ahora vacío y con unas cuantas cajas a medio montar en una esquina, y mientras lo recorría con la mirada, mentalmente ponía un punto y aparte a la melancolía. Y pronto, será un punto final.

14 de julio

14 de julio

14 juillet. Fête nationale française…Cuando pasaba los veranos en Francia, era nuestro día favorito de todos cuantos estábamos allí. Durante ese día se suspendían las clases de francés que me obligaban a madrugar cada día y nos permitían ir a la playa también por la mañana o quedarnos en la residencia viendo la televisión o aprovechando para escribir a nuestros padres. Yo solía aprovechar para escaparme al puerto y ver las barcas de pescadores que estaban allí amarradas, hacía fotos, paseaba y tomaba el sol hasta la hora de comer, hora a la que nadie podía faltar si no queríamos ganarnos una buena reprimenda.

Pero aquel día nos gustaba por más motivos que por el hecho de tener la mañana libre, como por ejemplo, el hecho de que era de las pocas veces en que podía escaquearme de ir a la playa a cuidar a los niños que tenía a mi cargo durante unas horas, dos pequeños diablitos a los que les gustaba estar a remojo más que otra cosa, para mi desesperación, siendo yo más de secano. Ese día sus padres se ocupaban de ellos y nosotras nos pasábamos la tarde relajadas en la piscina. Aquellos días, la residencia se quedaba muy vacía. Muchas chicas se iban con sus familias, y nosotras, las extranjeras teníamos permiso “especial” para acercarnos hasta el pueblo, algo que nos hacía mucha ilusión puesto que en raras ocasiones podíamos trasnochar, pero aquel día se celebraba un enorme baile en la playa y era nuestra oportunidad para pasarlo bien. Generalmente, siempre había alguien que esperaba con más ansiedad que otras que llegara la noche, porque sería la excusa para poder hablar tranquilamente con aquel chico que llevaba viendo varios días en la playa sintiéndose libre de la mirada atenta de las monjas que cada día nos vigilaban. En aquella época me parecían una tontería esas cosas y una pérdida de tiempo fijarse en aquellos francesitos, aunque yo me pasara los días junto a mi mejor amigo de allí, no suponía casi ningún interés el universo masculino.

Para mí, lo mejor de aquel día era ir de noche a la playa, sentarme en la arena y ver los fuegos artificiales.

Cuando llueve...

Cuando llueve...

1-¿Qué te dice un día lluvioso? ¿Te gusta, no te gusta? ¿Te deprime?

Generalmente, la lluvia me provoca sentimientos encontrados. La mayoría de las veces, el amanecer de un día gris hace que mi ánimo decaiga, que me sienta un poco más apagada y que las penas parezca que sean mayores.

Además tengo muy metido el recuerdo de la lluvia de verano en el corazón.

Sin embargo, me encanta el olor del ambiente cuando deja de llover, salgo al balcón y estaría horas aspirando su aroma.

2-¿Qué te gusta hacer cuando llueve?

Contemplar la lluvia desde el salón, sabiendo que estoy refugiada en mi casa y bajo techo, sin necesidad de mojarme.

Cuando era más pequeña, deseaba que lloviera para ponerme unas botas de plástico rojas que eran mi debilidad. Me calaba un chubasquero y bajaba a la calle a chapotear y meterme en los charcos como una loca, mientras mi madre ponía el grito en el cielo porque generalmente llegaba empapada y el agua se me había metido en las botas.

3-¿Has besado bajo la lluvia?

Sí, uno de los mejores besos que recuerdo fue bajo una lluvia torrencial…desde aquel momento, siempre asocio la lluvia a esa persona, y me pongo a pensar en lo que vino después.

http://pikifiore.blogia.com/2006/032301-llueve.php

4-¿Usas paraguas, chubasquero…?

Si no hay más remedio, uso el paraguas, aunque es algo que me revienta, me quita mobilidad y me vuelve torpe, sobretodo por la maniobra de cerrarlo para subir al autobús cuando voy al trabajo cargada hasta las cejas. Además, lo pierdo continuamente, creo que cada invierno, caen unos cuatro o cinco paraguas.

Chubasquero no uso, antes sí, tenía uno rojo plasticoso que me hacía parecer Caperucita Roja, pero desapareció en el fondo del armario hace varios inviernos.

5-Te gustan las tormentas?

Me encantan, y a la vez me inspiran mucho respeto. Todavía me encojo cuando un relámpago cruza el cielo, o cuando el sonido del trueno se eleva por encima de cualquier otro haciendo retumbar las paredes. Las tormentas en la sierra en verano son impresionantes. Una vez pasé la noche en una iglesia en medio de una tormenta porque la furia del agua hizo que se viniera abajo mi tienda de campaña, y me encantó.    

Un camino

Un  camino

No sé en que momento te he abierto las puertas de mi corazón, ni sé a partir de qué día he empezado a encender el móvil de madrugada esperando ver un mensaje tuyo.

No sé desde cuando tu compañía resulta tan grata para mí, ni sé cuando traspasaste la barrera de la amistad para convertirte en el ángel que vigila mis sueños.

No sé que hacer ahora que te conozco más, no sé desde qué momento dejé de llorar en tus brazos y empecé a reir. Y me da miedo, porque en una semana he salido de la ciudad de la decepción para entrar en la de la esperanza.

Y ahora te vas...y me dejas pensando.

En la piscina

En la piscina

Oficialmente, el verano no comienza verdaderamente para mí hasta que no voy a la piscina. Este año por tanto, pese a las elevadísimas temperaturas, el verano ha comenzado más tarde, ya que no ha sido hasta hace dos días cuando por fín pisé de nuevo el césped.

Como cada año, me siento súper rara el primer día que me pongo un biquini, después de todo el invierno con jerseys de cuello cisne, me veo de un blanco acelga que da grima. Por suerte, cojo colorcillo con rapidez, hasta el punto de que tras una horita, parezco ya un tomatito cherry, y es que, siempre igual, a pesar de que soy de las que se tira diez minutos extendiéndose crema del factor cincuenta, como poco.

El primer día que uno baja a mi piscina, es como si se tuviera que enfrentar a un examen, por eso, yo prefiero ir siempre con más gente, ya que quinientos pares de ojos se posan sobre todo aquel insensato que cruza solo todo el recinto, comentando lo cambiado que está, si ha cambiado de pareja u opinando sobre lo mal estudiante que ha sido siempre y los disgustos que les da a sus padres, por poner ciertos ejemplos. Es lo que tiene vivir en una urbanización enorme donde todo el mundo se tiene más visto que el tebeo. Y es que la piscina se convierte en un club social lleno de cotilleos, eso es lo que me enerva.

Para no ser excepción, este año no me he salvado de la quema. Me reencontré con gente a la que veo de verano en verano y la pregunta del millón era que dónde estaba Toni, a ver…¿porqué tengo que estar yo dando explicaciones?El pobre Pete, que venía conmigo de nuevas, contuvo la risa todo el tiempo. Ya me imagino lo que todos pensarían: “¿Y este?, pobre Toni, si ya lo veía yo venir…”

Mmm…vale….que yo también observé a todo el mundo, jajaa. Pero es que me esperan dos meses viendo las mismas caras bajo los mismos árboles y hay que ponerse al día.

¿Construir a base de mentiras?

Me decepciona la gente que utiliza una mentira para llamar la atención, para sentirse por un momento el centro del mundo y ver así crecida su autoestima durante al menos unos minutos o unas horas.

Hay mucha gente que no se quiere lo suficiente, y con cualquier pretexto involucra a personas de su ambiente embaucándolas con palabrería sensiblera para verse así colmados de afecto por un tiempo. Quisiera poder hacer algo por evitar esto, pero lo único que consigo es que la situación se vuelva contra mí.

Un amiga mía es así, una chica voluble y temerosa, insegura de sí misma, del amor de su novio y de su trabajo. Pendiente continuamente de brillar cuando alguien nuevo aparece en su vida capaz de relegarla. Es obsesiva y dubitativa a la vez que una personita que sabe ser encantadora con tal de que la mimes y permanezcas a su lado. El problema es que los métodos que emplea no son siempre los adecuados, y muchas veces recurre al chantaje emocional o la invención de hechos para recibir unas cuantas atenciones. Una vez es un robo inexistente, o una bronca en el trabajo que nunca sucedió, o una infidelidad de su novio que para ella está clarísima pero que no se pudo comprobar.

Yo siempre caigo. La oigo llorar al otro lado del teléfono y se me encoge el corazón, pero luego es todo una farsa. Y yo, que no aprendo, sé que volveré a picar. 

La ciudad desde lo alto

La ciudad desde lo alto

Intento inspirarme. Trato de escribir al menos unas cuantas palabras sobre papel mojado, pero me cuesta un montón. Doy vueltas en una silla que no es de mi medida, frente a un ordenador que me resulta extraño y en una habitación que no es la mía.

En las estanterías, música que no reconozco, y libros que jamás leí. Y me encuentro desorientada en un escenario que no me pertenece, pero que conozco bien.

Esta noche seré su invitada porque tengo que levantarme tan pronto que ni los autobuses me podrían traer a la capital, así que aquí duermo. Mañana me espera una larga cola en una oficina, y todo por hacerle un favor a mi hermano que está de examenes.

Marcos ha salido a tomar algo, ella le estaba esperando adecentándose junto a la boca del metro, y yo no he consentido en molestar y he preferido quedarme escribiendo y oyendo música en su ordenador.

Lleva ya fuera dos horas y en la calle se oye música, y es ahora cuando me empiezo a sentir genial porque la brisita entra por la ventana y me refresca.

Me gusta su casa, pero no me siento cómoda aquí sola.El teléfono móvil está sonando, lleva así un buen rato, pero no lo voy a coger, no me apetece hablar con nadie.

Creo que voy a salir a tomarme un vaso de leche al balcón. Me encanta ver Madrid desde este octavo piso, las calles iluminadas, la lejanía del horizonte, y oir los murmullos de la gente que a estas horas abarrota las terrazas de verano.

Quizá así me despeje y tome decisiones coherentes, y quizá así también pueda luego escribir algo.

Cinco de viviendas

Cinco de viviendas

1.¿En cuantos sitios has vivido en tu vida?

Con mi familia he pasado por dos casas, sin contar las temporadas en la casa de la sierra de mis abuelos o el tiempo en que viví fuera. Hasta los catorce años viví en un pequeño barrio cerca de la capital, pero la verdad, muy aburrido. No había gran cosa que hacer por allí aunque yo me buscaba pasatiempos como podía. Y estos consistían a menudo en ayudar al cura a vestir santos y arreglar los banquitos y las flores de la iglesia, así que imaginaos… Luego las cosas cambiaron, me mudé algo más lejos del centro pero la nueva casa tenía más espacio y por fin pude tener una habitación propia. No me gustaba el barrio en el que vivía antes pero lloré como una magdalena cuando nos fuimos.

2.¿Cual ha sido tu favorito?

El último y actual. Me encanta mi casa, las vistas que tengo desde mi habitación, y aunque no estoy en la capital, tengo cerca todo lo que necesito. No hay ruido por las noches, y aunque empieza ahora a hacer calor, se lleva con comodidad. Sin embargo, mi sitio favorito es la casa que tienen mis abuelos, ayy, que haría yo sin esa terraza…

3.Si pudieras vivir en otro sitio, ¿cual seria?

Me gustaría muchísimo vivir en Granada, en una agradable casita blanca con vistas a la Alhambra.

Y aquí en Madrid, soñaría con tener un ático en el paseo de Rosales, desde el que se vea el horizonte (mmm, sin contaminación a ser posible)

4.Sin duda en tu casa..pondrías…

El día que pueda por fín tener una casa propia y dinero para amueblarla me daré con un canto en los dientes, así que no puedo prever qué pondría, aunque me encantaría que tuviera un jardín o una gran terraza. Necesito un espacio donde airearme.

5.¿Como es un día normal en tu vida?

Pura rutina. Me levanto con el tiempo justito porque cada vez me cuesta más salir de la cama, llego al trabajo y comento con mis compañeras el calor que hace en el metro!!jajaa. Me pongo la radio bajito y empiezo mis tareas. Se me pasa la mañana volando. Cuando llego a casa como, veo un poco la tele, me “intento” estudiar dos temas de la opo, recojo la ropa de la lavadora y me voy a tomar una cañita al pub irlandés que hay en mi calle.Obviamente, eso es ahora. En invierno la cosa cambia. 

Gracias

Un regalo inesperado, una visita sorpresa y un montón de palabras bonitas son demasiado viniendo de alguien con quien siempre he sido muy reservada y que a la larga casi siempre me ha mantenido a distancia.

Durante los últimos dos años ha contemplado los cambios en mi vida como un puro observador, siguiendo la escena y asintiendo cuando algo le parecía bien o negando con la cabeza cada vez que yo hacía algo que él no consideraba adecuado, aunque nunca me juzgó, siempre tenía palabras de consuelo o de comprensión, o se acercaba para felicitarme cuando me ocurrían cosas buenas. Testigo de mi creciente amistad con Marcos, tuvo muy claro desde el principio la complicidad que había alcanzado con él, con su mejor amigo. Y él, que desde la infancia le acompañaba vió cómo poco a poco se distanciaba cada día un poco más de su amigo del alma. Pero nunca me lo echó en cara. Yo no le quité a nadie, únicamente quise compartir con él a la persona que los dos considerábamos nuestro mejor amigo.

Cuando conocí a Marcos, por extensión le conocí a él, pero su trato tímido, formal y en ocasiones rallando lo paternal me inclinaba más hacia otros lados de la balanza. Protector hasta extremos insospechados, y mordaz en momentos inoportunos, dotado sin embargo de una buena voluntad de la que siempre se lamenta y con la que carga como un lastre, cansado de ser “un buen chico”.

Porque nunca he hablado de él, y porque en los últimos meses he empezado a conocerle y quizás a entenderle, porque sabe escuchar y porque sabe esperar, porque estoy descubriendo a una gran persona. Por todo eso y mucho más, le dedico hoy este post. Bienvenido Pete…