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¿Es fácil dejar de fumar?

¿Es fácil dejar de fumar?

Leo en el periódico que la mayoría de los bares permitirán fumar a partir del 1 de enero, pero no las discotecas. Pues lo que yo me imaginaba. La verdad es que casi nunca voy a discotecas pero sí a bares de copas, y con el grupo de amigos mega fumadores que tengo, la situación entonces no va a cambiar mucho. Seguiré llegando a casa con la ropa ahumada y ellos podrán seguir yendo a los sitios habituales sin miedo a que no puedan dar una calada.

La verdad es que imagino que si se es muy fumador no debe ser nada fácil adaptarse a la nueva ley. Mi compañera de trabajo, por ejemplo, fuma un cigarro tras otro, y delante de mí se contiene, a mí no me importa que fume, no sería la primera vez que comparto mesa con fumadores, pero creo que se corta un poco por mí. La chica ya se está haciendo a la idea de que va a tener que bajar a la calle a partir del próximo año porque según me ha dicho tajantemente no piensa dejarlo. Fue ella la que me contó que hace poco fue a cenar a un restaurante en el que ya se había oficializado la prohibición de fumar, y que había más gente en la puerta del restaurante dando caladas apuradas que dentro.

En otro tiempo, quizá yo hubiera sido de esos. Comencé a fumar por tontería y porque me hacía sentir importante el tener un cigarro en la mano, y puede que me hiciera sentir más segura. La verdad es que nunca llegué a tener un hábito grande, era la típica “fumadora de ocasión”. Me entraban ganas de fumar cuando estaba con gente, cuando tomaba café o cuando me ponía muy nerviosa (esto me sigue pasando), pero no sentía ninguna necesidad de fumar si estaba tranquilamente en mi casa, en la calle o en la piscina. Así que un paquete me duraba bastante, e incluso se me olvidaba a veces que llevaba siglos en el cajón y compraba otro.

Lo dejé por completo cuando conocí a Zak, seguidor de la vida sana, le ofuscaba tanto verme con un cigarro que acabé dejando de comprar paquetes por tontería. Sin embargo, a veces me gustaba verle rabiar y me iba a escondidas al baño con una amiga a fumar. Luego se mosqueaba y cuando ví que la cosa iba en serio dejé de hacerlo. Hasta que ya no fumaba nada...

 

Cuando me dejó, me entró tal ataque de pánico y de nervios que me compré un paquete nada más marcharme del bar, durante una hora fumé hasta que me dolió el pecho. Claro, no estaba acostumbrada.

Aún tengo ese paquete en el cajón, y ahí se quedará sin acabar.

 

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1 comentario

Su -

Di que si, fuerza de voluntad, y esa cajeta, que se consuma sola en el cajón...

Yo no fumo pero lo de las prohibiciones no lo llevo nada bien, quizás deberían concienciar en vez de prohibir.

Un beso muy fuerte
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